domingo, 15 de diciembre de 2013

Soberanía popular

El cliente siempre tiene la razón, reza uno de los axiomas más populares del capitalismo. Eludiendo los matices que se le puedan encontrar, alude a la obligatoriedad de aceptar cualquier tipo de queja, objeción o reclamos que el que adquiere un producto pueda tener. El aficionado al fútbol no sólo paga su abono, su entrada o unas consumiciones en el bar para poder ver el partido. También lo siente. Como dice el cántico pasarán años, jugadores, directivas, pero él siempre estará con su club y su camiseta. Por ello, la afición es soberana.

Un principio fundamental que en el Real Zaragoza se ha olvidado. Desde hace años, el máximo accionista viene demostrando su indeferencia a lo que pueda pensar la grada. Pero ahora su ejemplo ha llegado hasta el vestuario. Como si del propio Agapito Iglesias se tratara, Álvaro González se atrevió a pronunciar en la rueda de prensa posterior al partido del Córdoba una frase lapidaria: “Hasta hace bien poco, no sabía que se pitaba en el minuto 32”. Aseguró decirlo con total sinceridad, quedando retratado como un futbolista que, tras año y medio en la capital aragonesa, no sabe absolutamente nada del club para el que trabaja ni de la afición para la que juega.

Las palabras del central cántabro son consecuencia del gesto que abrió la caja de los truenos. No lo protagonizó un jugador más, sino el capitán del Real Zaragoza, el portador del brazalete, quien se giró al respetable para mandarle callar y recriminar sus silbidos en dicho minuto. Un gesto en caliente que podría haberse perdonado si se hubieran dado las explicaciones oportunas. Sin embargo, Leo Franco ha optado por el silencio, por lo que se deduce que no se arrepiente.

Tras la derrota en Sabadell, la Peña Zaragocista de Maluenda hizo público que Sergio Cidoncha se encaró con parte de la afición que mostró su enfado con los futbolistas a la salida de la Nova Creu Alta. Un recién llegado tomó el ejemplo de los más veteranos y fue más allá del límite.

Como si de la Ley Mordaza se tratara, desde el Real Zaragoza se pretende acallar cualquier conato de protesta. Desde el club se alude a que así sólo se consigue desconcentrar y presionar de más a los futbolistas. El entrenador zaragozano de la UD Las Palmas, Sergio Lobera, les ha enseñado esta semana a cómo se contesta a una afición crispada: “¿Qué me van a hacer, aplaudir? Es normal que el público pite, los resultados mandan. Nuestro trabajo es lo que debe hacer que estos pitos se conviertan en aplausos”. 

A los futbolistas del Real Zaragoza les queda la última oportunidad del año para lograr una reconversión que se intuye complicada. De los futbolistas depende convertir esos silbidos en aplausos. Todos menos los pitos del minuto 32. La grada manda y hay que escucharla, no pretender cambiarla.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Jugar a la ruleta rusa

La suerte está de cara. No hay otra forma de explicar los motivos por los que el Real Zaragoza ha acumulado tres triunfos consecutivos. No existen argumentos futbolísticos porque este equipo no transmite absolutamente nada positivo y sobrevive en los partidos gracias a los errores del rival, a paradas esporádicas de Leo Franco y a goles caídos del cielo.

Paco Herrera llegó a Zaragoza con la idea de dar protagonismo al balón, pero los reveses sufridos por el camino y la amenaza del cese le han obligado a romper su manual de estilo. La falta de calidad de la plantilla y su debilidad defensiva le han forzado a virar el rumbo por completo. Ahora el equipo sobrevive agazapado a la espera del ataque rival, defendiendo por acumulación y con un trivote incapaz de enlazar con los delanteros. El Real Zaragoza juega a la ruleta rusa con la esperanza de no dispararse en la sien. Ya lleva tres turnos en los que le ha sonreído la suerte, pero la bala espera en el cargador.

Lo importante es ganar, no hay nada más cierto que eso, pero también lo es que jugando de esta forma se está más cerca de la derrota que de la victoria. El conjunto blanquillo no ha merecido el triunfo en ninguno de estos tres encuentros. Los ha conseguido gracias a deméritos del rival y no por méritos propios.

Sobre el césped se refleja en lo que se ha convertido el equipo desde que es dirigido por Agapito Iglesias. Un club inmerso en el clandestino juego de apretar una y otra vez el gatillo mientras la afición se divide cada día más entre la protesta y la resignación. Mucho ha de cambiar el Real Zaragoza, tanto en el vestuario como en los despachos. Si eso no ocurre, la ruleta rusa acabará haciéndole pagar las consecuencias. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

Cortinas de humo

Segunda victoria consecutiva. Seis puntos de seis posibles. Dos partidos seguidos sin encajar un gol y a una victoria de alcanzar los puestos de playoff de ascenso. Datos que en cualquier otra circunstancia podrían llegar a ilusionar y motivar a una afición deseosa de aferrarse a un clavo ardiendo que le haga creer que regresar a Primera División es posible. Un objetivo vital para esquivar al fantasma de la liquidación.

Paco Herrera creyó que el balón podría pacificar el ambiente, pero ni siquiera estas dos victorias contribuyen a suavizarlo. Un gol casual de Álvaro ante el Girona y los errores en ataque de la UD Las Palmas sirven al Real Zaragoza para ganar tiempo antes de que durante las fiestas navideñas se lleve a cabo la enésima revolución invernal. Con un entrenador ajusticiado y rumores de posibles despidos entre la plantilla, mucho tienen que cambiar las cosas para que no se produzca de nuevo. Desviar la atención con fuegos de artificio es el ejercicio favorito en el Real Zaragoza del último lustro.

Un club descabezado cuyo propietario continúa agazapado en la sombra mientras sus escudos repelen los ataques con cortinas de humo, necesariamente cada vez más denso, que le proporcionen tiempo para hacer y deshacer a su antojo. Echar al  entrenador de turno, fichar siete futbolistas en invierno, despedir a cinco, contratar un presidente o delegar sus poderes en un Manager General. Todo vale con tal de que los focos no apunten directamente a Agapito Iglesias.

Pero la forma más efectiva es dividir a la afición, algo que el constructor soriano sí lo ha conseguido. Se le pidió durante años que animara al equipo para no descender evitando caer en protestas que desconcentraran a los futbolistas, ahora se le reclama paciencia y apoyo para devolver a la máxima categoría y no presionar así a los jugadores. Rozando el esperpento, incluso se le animó a abonarse para así poder fichar un delantero en los últimos días de agosto. Lo más triste en el fondo de este agujero negro es el papel en el que se ve inmerso el zaragocismo, entre el hartazgo y el cansancio, en la encrucijada de qué hacer para cambiar las cosas. 

Pienso en aquella frase entre lágrimas de Alberto Zapater, “el Real Zaragoza será lo que su afición quiera que sea”, y a pesar de la buena voluntad del ejeano al pronunciarla no creo que sirva en estos tiempos. Es una gran cortina de humo, una persiana en llamas. Es a otros a quienes corresponde luchar por ascender y a otros sacar al actual máximo accionista de la entidad. Hasta entonces, el Real Zaragoza seguirá vagando por un desierto que parece no tener fin.

martes, 10 de septiembre de 2013

La sonrisa de la Mona Lisa

Durante el verano ya parecía un lema poco acertado, pero tras los últimos acontecimientos y después de cuatro partidos disputados, se corrobora que el “Volver a sonreír"  puede concurrir, con serias opciones de ganar, en el certamen de peores eslóganes de la historia del fútbol. Una plantilla compuesta por retales sólo ha sido capaz de marcar un gol en 360 minutos, sumar dos míseros puntos en cuatro jornadas de Liga, perder ante un filial y caer en La Romareda ante el Lugo. Así las cosas, el Real Zaragoza está a estas alturas de la película en puestos de descenso a Segunda División B.


Nadie quiere saber nada de la Copa del Rey, competición fetiche del zaragocismo que técnicos y dirigentes han hecho ver como un estorbo en los últimos años. Este año más que nunca, en una Liga con 42 partidos, más unos posibles playoff, y tras un inicio horrible que llevó a Paco Herrera a sacar a relucir el ejemplo del Racing de Santander. Un club histórico sumido en un caos institucional -allí la clase política también metió la mano- convertido en cenizas y que sobrevive a duras penas en la categoría de bronce del fútbol español. La única diferencia es que el máximo accionista de los cántabros, Ali Syed, está en paradero desconocido y buscado por la INTERPOL. Agapito Iglesias también está desaparecido en combate mientras su enésimo escudo le sirve de parapeto, manejando los hilos desde la sombra y sin comparecer públicamente desde la Junta de Accionistas de diciembre de 2012. Sin embargo, de momento ningún organismo judicial está en su busca.

Mientras tanto, Paco Herrera ya se ha dado cuenta del lío en el que se ha metido. Se lo vaticiné a principios de julio, pero el entrenador no se imaginaba que la situación del enfermo era tan crítica. Sin embargo, a pesar de las promesas incumplidas y las medias verdades, el técnico está empeñado en curar al paciente. A su llegada, se mostró esperanzado en que el balón pacificara el ambiente, pero nada más lejos de la realidad. Cada partido, cada pase fallado, cada error defensivo es una puñalada más a un león indefenso. El zaragocismo vive entre la vergüenza y la resignación mientras contempla la etapa más dura en la historia de este club octogenario.


El partido del pasado domingo se resume en las caras de los pocos aficionados que acudieron a La Romareda, alrededor de 10.000, una muestra más de la apatía y la división existente entre el club y la afición. En esas expresiones y en el gol marrado por Cidoncha sin portero. Un fallo clamoroso más que guardar en el pen drive de las jugadas y situaciones esperpénticas de los últimos años. Junto al tobillazo de Cidoncha está la presentación con piscinazo de Marco Pérez y su posterior despeje en el debut ante el Deportivo de La Coruña, los regates de Pablo Barrera, las rupturas de fuera de juego y asistencias de Efraín Juárez, los calambres de David Mateos en cada minuto 75, el saludo de Guirane Ndaw aIniesta en mitad de un partido en el Camp Nou, Sinama Pongolle mandando callar a la afición, Apoño y sus cosas de familia, el transfer de Juan Carlos y un sinfín más de archivos que podrían llenar un disco duro y que provocan que se te escape una leve sonrisa.

Es la sonrisa de la Mona Lisa, aquella que pintó Leonardo de Vinci y que sólo ves cuando la vista no se fija en el centro del cuadro, desapareciendo si la miras directamente. Esa es la única forma que tiene el zaragocismo de sonreír, obviando lo cerca que está el enfermo de ser enterrado y lo preocupante de la situación, deteniéndose en escenas cómicas que han adornado la etapa más negra del Real Zaragoza.


Dicen que Napoleón tuvo colgada en su baño la obra de Da Vinci. El propietario soriano va más allá. Llevó al mismo sitio su obra de arte para colgarla y admirarla cada mañana, pero se le fue de las manos, cayó al retrete y se dispone a tirar de la cisterna. Si se le permite, desaparece. 

viernes, 21 de junio de 2013

El entrenador ideal

Un presidente que dejará el cargo a final de mes ejerció de anfitrión de Paco Herrera en su presentación como nuevo entrenador del Real Zaragoza. Así ha arrancado de forma oficial la etapa del técnico en el conjunto aragonés. Un club abonado a la anormalidad y en el que ya nada es sorprendente por estrambótico que parezca.


Se trata de un entrenador con experiencia en Segunda División y que ha conseguido buenos resultados en la categoría de plata. Pero no se puede analizar su fichaje apartando las circunstancias que lo envuelven, obviando el caos de un club transformado en un agujero negro que se traga profesionales, aficionados, intenciones, sentimientos e ilusiones.

Nadie cuestiona la idoneidad de su elección como técnico, es el entrenador ideal al que hoy en día aspira el Real Zaragoza, lo cual es paradigmático de la situación que atraviesa. Pero tampoco encuentro a nadie que pueda asegurar que vaya a trabajar con las bases y la libertad necesarias para cumplir la obligación del ascenso que él mismo se ha marcado aunque no sea su principal obsesión. “Es un reto muy difícil que no sé si conseguiré, pero sí espero que la gente se divierta”, ha comentado Herrera, esperanzado en que el balón sea capaz de pacificar al zaragocismo y minimizar las quejas. Lo mismo que espera Agapito Iglesias.

“Aquí hay pequeños divorcios que hay que corregir. Pero uno hasta que no está aquí no conoce su alcance”, ha manifestado el nuevo técnico del Real Zaragoza. Poco a poco se irá dando cuenta de dónde se ha metido. Por ejemplo, cuando compruebe que tras elegir a Álvaro y Montañés como bases del ascenso estos ya estén siendo ofrecidos a otros clubes, tal y como aseguró Monchi desde Sevilla.

De Paco Herrera se valora su normalidad, su sensatez y su sentido común. Lo mismo que ocurrió con José Aurelio Gay, Javier Aguirre o Manolo Jiménez, quienes convencieron el primer día pero a los que el paso del tiempo y el entorno provocaron que fueran devorados por el agujero negro personificado en Agapito Iglesias. Herrera es el entrenador ideal al que aspira hoy en día el Real Zaragoza, pero también el estilo de técnico idóneo para que el máximo accionista continúe manejando desde la sombra los hilos a su antojo. El responsable de un club que continúa sin dar la cara dos semanas después del descenso. Paco Herrera es su nuevo escudo. Suertemister, la va a necesitar.

Artículo publicado en AragónSport
Fotografía: Heraldo de Aragón

martes, 18 de junio de 2013

Javier Tebas, Agapito Iglesias y el Real Zaragoza

“No es un dirigente que yo tendría como referente y esto mismo ya se lo he dicho a él en persona”. Con estas palabras se refiere el Presidente de la Liga de Fútbol Profesional a Agapito Iglesias. En varias ocasiones, Javier Tebas ya había afirmado que él jamás pondría la mano en el fuego por Agapito Iglesias y hoy lo ha vuelto a repetir en su visita al Máster de Periodismo Deportivo de la Cadena COPE.

Además, Tebas confirmó que esta misma noche (martes 18 de junio) piensa reunirse con el máximo accionista del Real Zaragoza para hablar sobre la situación económica del equipo aragonés así como otros temas referentes al conjunto blanquillo.

Tras reconocer que en su día animó a Agapito Iglesias a “dar un paso al lado” porque perjudicaba al club y a su propia inversión, Javier Tebas no ha querido entrar a valorar el proyecto de José Antonio Visús ni una posible venta del paquete accionarial por parte del constructor soriano. “Lo que no me gusta es que en algunas ciudades se utilice una presión social para obligar a vender”, ha apostillado antes de recordar los cánticos que desde algunos sectores se entonaban contra Alfonso Solans y el recibimiento a Agapito Iglesias como el “salvador” del zaragocismo. “Yo creo que quiere vender, no tengo la menor duda, porque no hay humano que resista vivir así. Pero otra cosa es obligarle a vender y regalar el club”, ha explicado Tebas.

Sobre el proceso concursal del Real Zaragoza, en el que el actual Presidente de la LFP ejerció como defensor de acreedores como la empresa Winning Eleven, ha comentado que habría que preguntarle a los Administradores Concursales cómo pudo ser declarado fortuito. “Yo tenía claro que era culpable”, ha asegurado Tebas. “Ahora como Presidente mi obligación es que la entidad pueda perdurar de la mejor forma posible. Tras el descenso existe preocupación pero creo que algo está controlado”, ha recalcado el máximo mandatario de la Liga.

Respecto a los posibles amaños de partidos en los que algunos medios vincularon a Agapito Iglesias, Javier Tebas no ha querido mencionar a ningún equipo concreto. Según Tebas, desde que asumió la presidencia de la Liga “todo lo que se ha investigado está en manos de la Policía y de la Fiscalía Anticorrupción y se llegará hasta el final”. Sin embargo, reclama paciencia porque al igual que ocurriera en otros países las investigaciones pueden alargarse más de un año. 

miércoles, 5 de junio de 2013

Se busca



Ya han pasado más de tres días desde que el Real Zaragoza certificó su descenso a Segunda División. El segundo durante la etapa de Agapito Iglesias y el tercero de este siglo, pero sin duda, el más doloroso y preocupante de todos. En primer lugar, porque se produjo en La Romareda, ante los ojos de un zaragocismo ya hastiado de milagros que sólo significan posponer una condena inevitable. Una afición que en seis años ha visto a su equipo descender, sufrir para retomar la categoría y agonizar para mantenerla durante tres temporadas seguidas hasta el final perderla. Los peores resultados deportivos de la historia del Real Zaragoza.

Unos años marcados por la caótica gestión de Agapito Iglesias. Una etapa definida por un proceso concursal y una plantilla con la que el aficionado no se puede identificar a causa de la quincena de fichajes anuales. Marcada también por la destrucción de la cantera y de la imagen de un club que, hace no tanto, era ejemplar. Caracterizada por una colección inmensa de golpes efectistas con el único propósito de adornar y ocultar las verdaderas intenciones.

El zaragocismo ya no se cree nada y al club no le importa su afición. La ruptura es total. Agapito Iglesias, máximo accionista y máximo responsable del asesinato del Real Zaragoza, continúa en paradero desconocido. Las declaraciones de Fernando Molinos, retratado como un simple escudero sin capacidad de decisión, provocan un vacío tan grande como el comunicado publicado este martes por el club, tras dos días de reflexión que sólo han servido para que el “Mini-Consejo” de Administración del club anuncie que el club comienza a trabajar y que continuará trabajando. A cada cual más preocupante.

El descenso y el novedoso proyecto hecho público por José Antonio Visús exigen una respuesta pública de Agapito Iglesias. No sirven silencios, comunicados ni apariciones en plasma. Ha de dar la cara ante el zaragocismo y poner un precio a sus acciones o reconocer que no quiere vender. La afición se lo exige. Una afición que comenzó su Liga el 1 de junio y que no debe resignarse a darla por concluida.

Artículo publicado en AragónSport

miércoles, 29 de mayo de 2013

Sí se puede ir


La ola de hartazgo ha vuelto a inundar las gradas de La Romareda. La humillante y dolorosa derrota ante el Betis, curiosamente el mismo día que Agapito Iglesias cumplía siete años al frente de la gestión del Real Zaragoza, es la última gota que la afición ha podido soportar bajo el paraguas de la resignación. Ya no cuelan más pasos atrás ni golpes de efecto, no se reza por milagros deportivos y, ni siquiera una improbable permanencia, calmará los ánimos de una masa social más unida que nunca con el fin de apartar del club al responsable de la peor etapa de la historia reciente del conjunto aragonés. Ya se le echó del palco. El futuro del Real Zaragoza pasa por sacar a Agapito Iglesias de la entidad.

Para conseguirlo se han recuperado medidas de antaño que no terminaron de lograr el objetivo deseado y que el parón estival llevó al olvido. No puede ocurrir lo mismo esta temporada. Las protestas que el sábado se van a llevar a cabo han de ser el punto de partida, nunca una reacción puntual, o volverán a resultar infructuosas.

Hasta ahora, Agapito Iglesias se ha mostrado imperturbable a las críticas, consciente de que la afición por sí sola no lo va a levantar de su sillón sombrío. Sin embargo, el zaragocismo ha de dar el primer paso y demostrar estar vivo y unido en busca de un futuro mejor. Sólo así podrá surgir una oferta económica seria y sólida que, junto a la presión social, convenza a Agapito Iglesias de vender su cortijo. Hay un precedente, la convocatoria celebrada la pasada temporada antes del encuentro frente al Getafe. Aquella tarde no sólo se congregaron aficionados sino que también antiguos futbolistas del club que deben acudir de nuevo a otra llamada de auxilio. Las cifras de aquella tarde de enero han de quedarse cortas el próximo sábado.

La Romareda no sólo acogerá un partido este fin de semana. El Real Zaragoza se juega frente al Atlético de Madrid la permanencia, pero antes, la afición disputará un encuentro en busca de la salvación del club. Una entidad cuya imagen ha sido enterrada, malvive embargada económicamente, agoniza sumida en un caos institucional, con unos resultados deportivos catastróficos y con una afición resignada a entonar el “Sí se puede” cada final de temporada. El cántico debe continuar vigente, pero no en busca de la permanencia sino de la salvación. Zaragoza nunca se rinde y ahora busca otro milagro: cerrar la etapa de Agapito Iglesias al frente de la gestión. Sí se puede ir.

martes, 21 de mayo de 2013

La última asistencia de Ander Herrera



Un cabezazo de Xavi Aguado, un penalti transformado por Jamelli y una voltereta rocambolesca de Yordi otorgaron a la afición del Real Zaragoza la primera gran alegría del presente siglo. Una mala temporada liguera en la que el club luchó hasta el último día por no descender, pero que culminó de la mejor forma posible, levantando en Sevilla la quinta Copa del Rey. Sin embargo, no fue el único motivo de satisfacción para la parroquia blanquilla aquel caluroso fin de semana de junio.

Pocas horas más tarde, el zaragocismo vislumbró el futuro en las botas de un grupo de niños de 12 años ganadores del Torneo Alevín de Brunete. El capitán en aquella final ante el Real Oviedo, designado mejor jugador del campeonato gracias a dos pases mágicos que posibilitaron la remontada y el título, acababa de presentar sus credenciales. Aquellas dos asistencias de Ander Herrera sólo fueron las primeras gotas de calidad que pensaba regalar en un futuro al equipo de su corazón. Años más tarde, destaparía el frasco de las esencias, aunque en un contexto difícil y muy alejado del que él conoció en sus primeras visitas a La Romareda.

Ander llegó al primer equipo mientras Agapito Iglesias comenzaba a dar forma al monstruo irreconocible que ha acabado creando. Vivió la alegría de ascender a Primera División, inmensa y gratificante, pero aquel niño había soñado con levantar títulos y disfrutar jugando en La Romareda. Desde entonces, en lugar de divertirse sobre el campo, se encontró en la tesitura de salvar deportivamente a un club en proceso de liquidación. Así hasta su salida, provocada, entre cosas, por la falta de dinero para pagar a la plantilla. Había cumplido su sueño en un Real Zaragoza de pesadilla.

Tras la victoria más amarga de su carrera, Ander dio la que hasta ahora es su última asistencia como zaragocista. Un pase en forma de radiografía perfecta del estado actual del club de su vida: “Más allá de lo deportivo, el Real Zaragoza duele”, refiriéndose a la institución y a la imagen actual del equipo blanquillo. No buscó emocionar, pero Ander tocó la fibra de la afición y, precisamente ella, es la receptora de esta última asistencia. La presión social contra la gestión de Agapito Iglesias ha sido enorme, pero no ha logrado su objetivo. La resignación por no poder cambiar las cosas propició que el volumen descendiese. Ha de volver a aumentar y, para ello, ya comienzan a organizarse movilizaciones de cara al último partido liguero. Ander, como en Brunete, ha dado el último pase y la afición ha de empujar lo imposible para que el Real Zaragoza pueda marcar uno de los goles más trascendentales de su historia reciente: apartar de la gestión a Agapito Iglesias. Hasta entonces, no será el Real Zaragoza que Ander Herrera conoció cuando aún era un niño.



Artículo publicado en AragonSport 
Fotografía: Vavel.com

lunes, 20 de mayo de 2013

Palabra de Ander

Finalizó el encuentro y Ander se tapó la expresión con la camiseta del Athletic de Bilbao. Por un instante volvió a vestirse de blanquiazul y evidenció una tristeza similar a la de cualquier aficionado que aún aguantaba en La Romareda. Para el canterano zaragocista fue la "victoria más triste de su carrera". Además, quiso despedirse con una radiografía perfecta del esperpento institucional en que se ha convertido el Real Zaragoza, por supuesto afectando también a lo deportivo aunque el vestuario busque aislarse lo máximo posible, a raíz de la gestión de Agapito Iglesias. "El zaragocismo no merece esto".




jueves, 9 de mayo de 2013

De horarios, precios y calendarios


El Real Zaragoza visita este viernes a un Levante que no permitirá ver el partido por menos de 50 euros. Un par de días antes, el Celta ya ha jugado el encuentro correspondiente a la jornada de dentro de dos fines de semana. La explicación es tan sencilla como sorprendente: la final de la Copa del Rey coincidía con el festival de Eurovisión. Semejante casualidad provocó la reestructuración de todo el calendario ideado en verano para estas fechas. El porro es infumable pero aún podría haberse cargado más.

Al menos, no hay equipos españoles en la final de la Champions League el 25 de mayo en Wembley. Gracias a la superioridad alemana, la penúltima fecha del campeonato doméstico puede jugarse ese fin de semana. Así se evita disputarla el siguiente miércoles, como estaba previsto si alguno pasaba, tan sólo cuatro días antes de la definitiva marcada el 1 de junio en el calendario. Imaginen por un momento ese par de jornadas agónicas con sólo 72 horas para hacer cálculos, conjeturas y oraciones. Siete días es lo mínimo. El problema radicaba en que de forma inesperada la Copa Confederaciones arranca a mediados de ese mes y la selección se ha ganado pasar unos días en Brasil. La FIFA ordena que ese mismo lunes a más tardar Vicente del Bosque anuncie la lista de convocados y finalicen todas las competiciones locales. Los 23 a Las Rozas y, de allí, a Estados Unidos a preparar el tema, como diría Luis Aragonés. Después de todo aún ha habido suerte.

Así acabará una temporada que arrancó con un conato de huelga de los clubes de Primera División a raíz de la guerra por los derechos televisivos. La amenaza se diluyó y el Real Zaragoza empezó el curso recibiendo al Valladolid un lunes a las 23:00. De los derechos de los aficionados que pagan su abono a principio de temporada nada se sabe.


Pueden preguntar en Vigo cómo ha sentado jugarse el descenso un viernes y un miércoles a las 19:30. En el Villamarín y Vallecas jugar lunes sí y lunes también. O a Manolo Jiménez repetir varias semanas con tres encuentros  en lunes, jueves y domingo. Quienes quieren adquirir una entrada para ver a su equipo acuden a las taquillas temblando, con la expresión de quien espera recibir un puñetazo inevitable, a no ser que desde el club se intuya la liquidación en forma de descenso y se  convoquen rebajas. Mientras tanto, en la otra punta de la ciudad, el CAI Zaragoza anunciaba que los partidos de playoff quedan incluidos en el abono que se adquirió en verano. Una comparación odiosa.

De cara a la próxima temporada deben cambiar muchas cosas en la Liga de Fútbol Profesional. Pero la primera cruzada de Javier Tebas, recién elegido presidente, se ha centrado en los posibles amaños de partidos, con el Levante en el punto de mira tras el 0-4 ante el Deportivo de la Coruña. Los dirigentes granotas han puesto caro el encuentro, lo mismo harán unos futbolistas con ganas de lavar su imagen. Una victoria blanquilla supondría un paso enorme a la salvación. Un paso de gigante para permanecer en la Liga que arranca los viernes y acaba los lunes. La de los precios desorbitados, los horarios ilógicos y un calendario inexplicable. Y aún hay que dar gracias a la suerte.

Artículo publicado en AragonSport
Fotografía: Heraldo de Aragón

domingo, 5 de mayo de 2013

De la presión a la victoria

El Real Zaragoza golea al Rayo Vallecano (3-0) y escapa de los puestos de descenso en una tarde festiva en La Romareda. Dos goles de Apoño y uno de Rodri devuelven la confianza al zaragocismo tras dos triunfos consecutivos. La presión del equipo de Manolo Jiménez no dio opciones al Rayo Vallecano en el partido más serio como local del conjunto blanquillo en toda la temporada.


La Romareda acogía un partido más que decisivo en la lucha del Real Zaragoza por la permanencia y tanto la afición como los jugadores demostraron ser conscientes de ello. Unos por el apoyo incesante desde el calentamiento y los segundos por la intensidad con la que encararon el encuentro. En los primeros minutos ya había gozado de una ocasión en las botas de Víctor y de dos saques de esquina. Sólo servía ganar.

Manolo Jiménez apostó de inicio por el once habitual de los últimos partidos con Rodri por detrás de Postiga en detrimento del deseado Rochina. El entrenador zaragocista destacó el sábado la necesidad de robar en posiciones avanzadas y en esa faceta el canterano sevillista es el más destacado de la segunda línea. Rodri se personificó en la sombra de Trashorras. Tras él el centro del campo del Real Zaragoza conformó una tela de araña en la que el Rayo se enredaba a la hora de construir su juego. Sin embargo, la falta de precisión en el pase ensuciaba cada contragolpe desperdiciando así los espacios ofrecidos por la defensa del conjunto madrileño.

En uno de esos ataques rápidos no fue necesario pase alguno. Abraham acompañó la presión generalizada y robó el esférico con una fe que le llevó hasta el área rival. Su centro en búsqueda de Postiga se encontró con Figueras y Teixeira Vitienes vio mano donde sólo hubo muslo. Apoño, impreciso en el pase pero infalible desde el punto de penalti, engañó a Rubén adelantando al Real Zaragoza.

El gol no varió el rumbo del encuentro pero sí dotó de mayor tranquilidad al conjunto aragonés. El Rayo sólo encontraba huecos a la espalda de Sapunaru pero la defensa blanquilla sufrió menos que nunca en los balones colgados. Álvaro y Loovens, el holandés fue la única novedad respecto al partido ante el Mallorca y se mostró más sólido que en anteriores encuentros, despejaron cualquier atisbo de ocasión y Roberto se marchó a los vestuarios sin apenas intervenir.

Tras el descanso, el Real Zaragoza no cometió el error de dar un paso atrás y mantuvo adelantada la línea de presión. Buscó la tranquilidad del segundo gol y la encontró pronto. Abraham, uno de los mejores sobre el campo y el jugador que más ha progresado esta temporada, recuperó el esférico en su campo y la jugada acabó en un despeje de Rubén a la frontal del área. Allí apareció Pintér, perfectamente situado, para ganar el rebote y provocar una segunda oleada que aprovechó Rodri para batir al portero. Un premio para un futbolista con una capacidad de sacrificio más propia de un atleta que de un delantero.

Paco Jémez movió entonces sus fichas en busca de la remontada pero su equipo no se pareció al de otras tardes. Arriesgó al cerrar con tres defensas y sentó a un desaparecido Trashorras aunque las variaciones no se tradujeron en ocasiones peligrosas. Por su parte, Jiménez dio aire a los suyos al introducir a Rochina por un magullado Víctor y a Movilla por Rodri, quien se llevó la ovación de la tarde por parte del respetable. La posesión continuaba siendo del Rayo pero el dominio aragonés.

El partido moría sin apenas sustos hasta que un balón suelto fue cabeceado por Piti en ausencia de Roberto. El gol ya se intuía en un campo que se preparaba para sufrir pero Apoño salvó el tanto en la misma línea y despejó los miedos que el gol habría despertado. El Real Zaragoza buscaba la contra definitiva y Postiga, incansable pero sin acierto, estuvo cerca de encontrarla en dos ocasiones. A la primera su disparo se marchó lamiendo el poste y a la segunda se estrelló en el mismo obstáculo. El lazo al partido lo puso Apoño, autor de un doblete en un partido en el que no brilló en la construcción, tras un robo de Romaric en la frontal del área. Un zurdazo inapelable del malagueño puso el broche de oro al encuentro.

Tres goles para tres puntos que significan un paso de gigante en la lucha por la permanencia. El triunfo permite al Real Zaragoza salir de los puestos de descenso y depender de nuevo de sí mismo. Medio billete para la permanencia. Otra porción se esconde en el Ciudad de Valencia y allí no podrán jugar por acumulación de amonestaciones Sapunaru y Movilla. La única nota negativa de una tarde festiva en La Romareda. Manolo Jiménez pidió el sábado a sus futbolistas "devolverle a la afición en el campo todo lo que está haciendo por nosotros" y sus jugadores cumplieron. Ante el Mallorca el equipo se reencontró con la victoria y, ante el Rayo, con el camino a seguir. Intensidad, sacrificio y presión. Y de ahí a la permanencia. 


Crónica publicada en AragónSport
Foto: Marca.com

sábado, 4 de mayo de 2013

Rayo de esperanza


El zurdazo de Rochina se coló por el poste derecho de Aouate y provocó una explosión de júbilo en La Romareda. No era para menos, seis minutos antes había reinado un silencio sepulcral, la resignación inundaba La Romareda tras la indecisión de Roberto y Javier Paredes ya que en ese momento el Real Zaragoza era equipo de Segunda División. Pero apareció Rochina y cambió el rumbo de los acontecimientos. Una victoria agónica similar a la de la temporada pasada ante el Villarreal, aquel triunfo que hizoposible el milagro de la salvación hace un año.


El conjunto blanquillo por fin recordó lo que es ganar un partido. No fue excesivamente superior al Mallorca, sufrió lo indecible de nuevo cada vez que el balón voló sobre su área pero creyó en la victoria (gracias Sepia Hernández) a pesar de comenzar perdiendo el encuentro y encontrarse a falta de diez minutos con el mazazo del empate. La actitud de los jugadores fue radicalmente distinta a la mostrada en Vigo o La Coruña y ahí arranca el camino para ganar las batallas de las últimas jornadas. Un carácter y una forma de encarar el partido que se originó, como tantas otras veces, en las gradas de La Romareda. “Sin su apoyo esto sería imposible”, afirmó Jiménez en la rueda de prensa posterior al partido y más allá de que pueda parecer el tópico de turno es una verdad como un templo.

Ante el Rayo Vallecano el ambiente promete ser similar. Incluso mejor ya que el ritmo de venta de entradas augura un lleno en el estadio. El encuentro es tan decisivo como el del pasado fin de semana. Ganar vuelve a ser una obligación para que salgan las cuentas de la permanencia. El apoyo de la grada está asegurado pero son los futbolistas de quienes depende la victoria y el conjunto de Vallecas no lo va a poner nada fácil. Los de Paco Jémez han demostrado ser mejor equipo pero el Real Zaragoza, como ante el Mallorca, ha de creer más. La esperanza pasa por ganar al Rayo. Sino no se reeditará el milagro.

miércoles, 24 de abril de 2013

El peor de todos


No hay más equipos por debajo en la clasificación. Ninguno ha hecho menos puntos en la presente campaña. Se ha igualado la racha más negativa de la historia del club –ya van 15 fechas sin ganar- y más allá de lesiones inoportunas, apuestas fallidas, decisiones arbitrales controvertidas o falta de suerte, el partido de Balaídos evidenció que esta posición es más que merecida. Se enfrentaba al colista, sucumbió y le arrebató el farolillo rojo. Se erigió como el peor de todos.

El Real Zaragoza tenía noqueado a su rival y él mismo lo resucitó. Una defensa de plastilina, liderada por una pareja de centrales inigualable, torpe y temerosa, blanda como no recuerdo otra y menos contundente que la de un futbolín sin piernas dio alas al Celta, contagió el miedo al resto del equipo y echó por tierra el enésimo gol a balón parado nacido de las botas de Apoño.

Este equipo defiende mal pero su capacidad ofensiva no difiere demasiado. Atenazado por el miedo a encajar no es capaz de salir de su propio terreno de juego, consciente de que enseguida llegará otra oleada rival. El aficionado contempla asustado el partido porque cree que en cualquier jugada pueden marcarle un tanto a su equipo. Créanse que los futbolistas piensan lo mismo. Una plantilla débil mentalmente, sin experiencia y con un nivel físico deficiente.

La nota de actitud no mejora la media tan baja sacada en conceptos y procedimientos. Sí en el Celta de Vigo, vencedor por creer más en sus posibilidades. Este Real Zaragoza ya no se cree capaz de ganar a nadie. Una dinámica que ha conseguido deprimir a Manolo Jiménez, incapaz de sacar su genio en la rueda de prensa posterior a la debacle. Lo había hecho hasta ahora, hasta el gol de Bermejo, un golpe durísimo que le dejó aturdido.

Él mismo se vio fuera del club mientras caminaba hacia el vestuario, consciente de que Agapito, agazapado en su escondite, le busca un sustituto. Si no es cesado no se debe a la confianza, sino a la imposibilidad de encontrar un recambio o a la maltrecha economía del club si el andaluz tiene la mala costumbre de exigir el pago de lo firmado.  

Con Manolo o con Víctor, el último antídoto para evitar el descenso a los infiernos es el partido ante el Mallorca. La oportunidad definitiva para olvidar los miedos, recordar que hay algún equipo peor en Primera División y soñar con que a finales de mayo sean tres. Huele mal pero todavía no se ha muerto.

miércoles, 17 de abril de 2013

Ocho líneas


Sólo era cuestión de tiempo. Tras catorce jornadas sin ganar, el Real Zaragoza ocupa uno de los puestos de descenso a Segunda División. Tan sólo la incompetencia de los rivales ha posibilitado que este momento llegara tan tarde. Las llamas del infierno queman y los jugadores saltan al césped atenazados por el miedo que les provoca saberse inferiores a un rival del que no importa su nombre. Un pánico que agarrota a los futbolistas de un equipo que se ha olvidado de ganar.


El fútbol moderno no entiende de paciencia y ante una racha así no se explica por qué no se ha contratado un revulsivo para el banquillo. Un nuevo entrenador de fuerte carácter capaz de insuflar positivismo en una plantilla alicaída. Otro Javier Aguirre o una copia de Manolo Jiménez. Un Joaquín Caparrós, que no puede, o un Bernardo Schuster, que no quiere, según El Periódico de Aragón.

El club ha querido frenar el debate en torno a la figura de Jiménez antes de visitar Balaídos. Lo intentó mediante 91 palabras publicadas en su página oficial. Un comunicado de ocho líneas en Word que no ha conseguido su propósito. Un intento de realizar un llamamiento a la calma asegurando que la cúpula ni siquiera se ha reunido a tratar el tema en cuestión. Algo, que de ser cierto, sería todavía más preocupante. Y es más, deja palpable que lo expuesto como confianza puede ser traducido por despido en apenas siete días. Un “digo esto pero estoy pensando en hacer lo contrario”, perfecto ejemplo del viaje a ninguna parte que emprendió el club gestionado por Agapito Iglesias.

El Real Zaragoza quiere hacer constar que el Consejo de Administración de la Sociedad no ha
puesto en ningún momento en tela de juicio el trabajo realizado por el entrenador del equipo,
Manuel Jiménez. En ese sentido, el Consejo de Administración no ha mantenido
ninguna reunión al respecto. 

Asimismo, desde el Real Zaragoza se quiere dejar claro que en este momento
se mantiene toda la confianza en el cuerpo técnico y en la plantilla del equipo, que están
plenamente capacitados para salir de esta situación, como ya ocurriera
la pasada temporada.

De la ratificación al despido hay un paso. La fe en su trabajo, su papel como escudo, una economía maltrecha que no permite su cese o la imposibilidad de convencer a un sustituto  ha dado a Jiménez más crédito del normal. El primer tramo de temporada me hace mantener cierta confianza en su capacidad para retomar la senda de la victoria. Y un triunfo, si es que llega pronto, dará alas a un equipo y a un público necesitados de un empujón anímico para despegar y volar juntos.

Aunque cada día la afición se pregunte si quedan motivos aún para acudir al estadio o sintonizar la retransmisión. Según los cálculos, tanto para Jiménez como para el equipo, quedan dos partidos de vida de un plan aparentemente suicida. Al final del barranco, superados los encuentros ante Celta y Mallorca, está el final de los días. El infierno del descenso o la suerte de haber encontrado un paracaídas. Más puntos y menos coreografías.

lunes, 8 de abril de 2013

Entrenador y escudo

Bienvenidos al día de la marmota. Una derrota más aliviada por las del resto de rivales en la lucha por la permanencia. El Real Zaragoza no fue capaz en Riazor de variar su dinámica negativa pero se mantiene fuera de los puestos de descenso. La suerte es que esta temporada hay otros cinco equipos que parecen empeñados en descender y la salvación va a estar más barata que nunca. Lo malo es que, hoy por hoy, el conjunto blanquillo presenta el peor bagaje de todos y no recuerda a qué sabe una victoria. Uno ya simula el resto de jornadas de la parte baja y busca la fórmula matemática de la salvación blanquilla sin contar ni un solo triunfo en las ocho jornadas restante. Y sí, se puede. Pero eso es ciencia ficción y la realidad es que el equipo de Manolo Jiménez desciende el Mortirolo sin frenos.

Ante tal situación crítica, los focos apuntan al entrenador. Y el técnico se expone a la luz. En tres días, Manolo Jiménez ha comparecido en otras tres ocasiones ante los medios de comunicación. Números de récord. Se le podrán achacar decisiones tácticas controvertidas, titularidades como las de Romaric y Edu Oriol que rozan lo irracional o salidas de tono propias de su temperamento caliente pero jamás de no dar la cara. A pesar de que con ello acabe equivocándose en el campo y en la sala de prensa. Los nervios están a flor de piel y no es el entrenador que mejor se mueve en este contexto necesitado de frialdad.



El técnico andaluz dejó de ser únicamente entrenador para convertirse en el manager del Real Zaragoza. Se erigió como portavoz durante el verano y ahora también es el escudo. Tras su protección permanecen agazapados y en silencio el máximo accionista del club, el presidente y el resto de la directiva. Agapito Iglesias, Fernando Molinos y demás consejeros aguardan como meros observadores el devenir de la situación. Nadie es capaz de trasladar un mensaje de tranquilidad a la afición, de respaldo al cuerpo técnico, de ánimo a los jugadores o una queja por las últimas actuaciones arbitrales. El silencio es su única respuesta. “Total, ya está Jiménez”, pensarán. Hubo quien el domingo en las redes sociales, disculpad que no recuerde el autor del ingenioso mensaje, vaticinó que Manolo Jiménez se despediría a sí mismo en esa tercera rueda de prensa consecutiva.

No nos engañemos. Ningún otro entrenador con estos resultados hubiera aguantado en el banquillo de La Romareda lo que está sobreviviendo Jiménez. Y me alegro de ello. No se me ocurre otro técnico capaz de soportar mejor la inestabilidad y el caos del club que maneja desde la sombra Agapito Iglesias. Pero toca olvidar carros o barcos a los que subirse y centrarse en el partido ante el FC Barcelona. Ganar no es imposible. Aunque se haya olvidado. 

Artículo publicado en AragonSport

jueves, 4 de abril de 2013

El Niño de La Palmilla


Puede presumir de tener un nombre más propio de un torero y además actúa como tal. Antonio Galdeano Benitez, conocido como Apoño una vez se ha calzado las botas, es el referente del Real Zaragoza. Pase a pase, muletazo a muletazo, dirige el esférico de lado a lado de la plaza. Algunos le acusan de torear de cara a la galería, de tomar pocos riesgos o adornarse demasiado. Lo cierto es que sin él las ideas escasean y el equipo se resiente. Fruto de la casualidad o no, el conjunto blanquillo no ha marcado ni un solo gol esta Liga si Apoño no estaba sobre el campo.

Futbolista visceral, inquieto, en ocasiones sobreexcitado por esa adrenalina que le produce el fútbol, llegó a la capital aragonesa tras varios enfrentamientos con Manuel Pellegrini en Málaga. A Apoño, capitán de aquel equipo, su boca le obligó a salir de un plantel que hoy sueña con las semifinales de Champions League. Este torero nacido en el barrio malagueño de La Palmilla no desentonaría junto a Isco, Joaquín y Toulalan. Sin embargo, acabó en Zaragoza y junto a un entrenador que comparte su mismo carácter.


Sin embargo, el futbolista andaluz hiela su sangre caliente en los momentos críticos. No se achanta. De hecho es uno de los lanzadores de penaltis más infalibles del campeonato (9 de 9 desde su llegada al Real Zaragoza) y que yo haya visto. Los toreros no pueden vivir con la presión de ser cogidos en cualquier arrime y, por supuesto, tampoco Apoño: “Yo me río de la presión. Cuando la gente me pita, a mí me hace gracia. Vengo de donde vengo, soy de donde soy;  la presión para quien quiera tenerla”, ha declarado en la rueda de prensa previa al crucial encuentro ante el Deportivo de la Coruña. El Real Zaragoza le necesita y no se va a esconder. En una corrida grande deben aparecer los diestros de verdad. Y Apoño tiene el nombre y la sangre de un torero.


Fotografía: Marca.com / Blanquillos.com

martes, 2 de abril de 2013

Las bofetadas de Jiménez


La Romareda acogió este sábado el enfrentamiento entre dos técnicos con ciertas similitudes. Tanto Jose Mourinho como Manolo Jiménez creen en la motivación y convicción de su plantilla como la base sobre la que han de crecer sus equipos. “Si mi mensaje no cala, yo me voy”, aseguró Jiménez poco después de llegar a Zaragoza. Sin unión y sin fe el edificio acaba derrumbándose y cuando alguna pieza se desajusta la solución no sólo la encuentran dentro del vestuario. Ambos utilizan las ruedas de prensa como una oportunidad para trasladar mensajes a sus futbolistas. “Cada encuentro empieza y acaba en esta sala”, llego a declarar el entrenador portugués. Frase bajo la que firmaría el técnico del Real Zaragoza.


Jiménez ya ha buscado en innumerables ocasiones una reacción sirviéndose de los periodistas. El punto de mira varía porque golpes hay para todos. Por ejemplo, los que apuntan a la directiva cada vez que se abre el mercado y no llegan los refuerzos deseados por el entrenador. El colectivo arbitral es otro de sus objetivos, en ocasiones los propios medios de comunicación e incluso ha buscado pinchar alguna vez la afición.

Pero sus receptores más habituales son sus propios jugadores. Bien dirigiéndose a toda la plantilla, como en Málaga la pasada temporada o hace unas semanas en Getafe, o toques de atención que buscan la reacción de un futbolista en concreto. Estas últimas semanas las bofetadas han sido para Rubén Rochina. “Tiene muy buenos fundamentos pero otros han trabajado mejor en los entrenamientos. Tuvo molestias pero quiero dejar claro que la decisión fue técnica”, afirmó Jiménez cuando se le preguntó por la ausencia del delantero en la convocatoria. “Hay que exigirle más. No se puede ceñir a dos disparos a puerta”, le lanzó el entrenador tras el partido en el Sánchez Pizjuán.



Dardos sin veneno que buscan hacer diana en el orgullo del futbolista valenciano. Desde su llegada ha demostrado que tiene un hueco en el once de este Real Zaragoza pero no ha acabado de convencer al entrenador. Edu Oriol, titular ante el Real Madrid, desaprovechó su enésima oportunidad. Apenas aportó en ataque, poco en defensa y en una posición que se adecua perfectamente a las características de Rochina. El míster sabe a quién darle estos toques de atención y de una forma similar ya ha conseguido estimular a Abraham, Álvaro, Víctor o Paco Montañés. Riazor es el lugar ideal y el momento perfecto para el despertar de Rubén Rochina. Todo depende de cómo reciba las bofetadas de Jiménez.


Artículo publicado en AragonSport el 
Foto: Mundo Deportivo