miércoles, 24 de abril de 2013

El peor de todos


No hay más equipos por debajo en la clasificación. Ninguno ha hecho menos puntos en la presente campaña. Se ha igualado la racha más negativa de la historia del club –ya van 15 fechas sin ganar- y más allá de lesiones inoportunas, apuestas fallidas, decisiones arbitrales controvertidas o falta de suerte, el partido de Balaídos evidenció que esta posición es más que merecida. Se enfrentaba al colista, sucumbió y le arrebató el farolillo rojo. Se erigió como el peor de todos.

El Real Zaragoza tenía noqueado a su rival y él mismo lo resucitó. Una defensa de plastilina, liderada por una pareja de centrales inigualable, torpe y temerosa, blanda como no recuerdo otra y menos contundente que la de un futbolín sin piernas dio alas al Celta, contagió el miedo al resto del equipo y echó por tierra el enésimo gol a balón parado nacido de las botas de Apoño.

Este equipo defiende mal pero su capacidad ofensiva no difiere demasiado. Atenazado por el miedo a encajar no es capaz de salir de su propio terreno de juego, consciente de que enseguida llegará otra oleada rival. El aficionado contempla asustado el partido porque cree que en cualquier jugada pueden marcarle un tanto a su equipo. Créanse que los futbolistas piensan lo mismo. Una plantilla débil mentalmente, sin experiencia y con un nivel físico deficiente.

La nota de actitud no mejora la media tan baja sacada en conceptos y procedimientos. Sí en el Celta de Vigo, vencedor por creer más en sus posibilidades. Este Real Zaragoza ya no se cree capaz de ganar a nadie. Una dinámica que ha conseguido deprimir a Manolo Jiménez, incapaz de sacar su genio en la rueda de prensa posterior a la debacle. Lo había hecho hasta ahora, hasta el gol de Bermejo, un golpe durísimo que le dejó aturdido.

Él mismo se vio fuera del club mientras caminaba hacia el vestuario, consciente de que Agapito, agazapado en su escondite, le busca un sustituto. Si no es cesado no se debe a la confianza, sino a la imposibilidad de encontrar un recambio o a la maltrecha economía del club si el andaluz tiene la mala costumbre de exigir el pago de lo firmado.  

Con Manolo o con Víctor, el último antídoto para evitar el descenso a los infiernos es el partido ante el Mallorca. La oportunidad definitiva para olvidar los miedos, recordar que hay algún equipo peor en Primera División y soñar con que a finales de mayo sean tres. Huele mal pero todavía no se ha muerto.

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