No hay más equipos por debajo en la clasificación. Ninguno ha
hecho menos puntos en la presente campaña. Se ha igualado la racha más negativa
de la historia del club –ya van 15 fechas sin ganar- y más allá de lesiones
inoportunas, apuestas fallidas, decisiones arbitrales controvertidas o falta de
suerte, el partido de Balaídos evidenció que esta posición es más que merecida.
Se enfrentaba al colista, sucumbió y le arrebató el farolillo rojo. Se erigió
como el peor de todos.
El Real Zaragoza tenía noqueado a su rival y él mismo lo
resucitó. Una defensa de plastilina, liderada por una pareja de centrales
inigualable, torpe y temerosa, blanda como no recuerdo otra y menos contundente
que la de un futbolín sin piernas dio alas al Celta, contagió el miedo al resto
del equipo y echó por tierra el enésimo gol a balón parado nacido de las botas
de Apoño.
Este equipo defiende mal pero su capacidad ofensiva no
difiere demasiado. Atenazado por el miedo a encajar no es capaz de salir de su
propio terreno de juego, consciente de que enseguida llegará otra oleada rival.
El aficionado contempla asustado el partido porque cree que en cualquier jugada
pueden marcarle un tanto a su equipo. Créanse que los futbolistas piensan lo
mismo. Una plantilla débil mentalmente, sin experiencia y con un nivel físico
deficiente.
La nota de actitud no mejora la media tan baja sacada en
conceptos y procedimientos. Sí en el Celta de Vigo, vencedor por creer más en
sus posibilidades. Este Real Zaragoza ya no se cree capaz de ganar a nadie. Una
dinámica que ha conseguido deprimir a Manolo Jiménez, incapaz de sacar su genio
en la rueda de prensa posterior a la debacle. Lo había hecho hasta ahora, hasta
el gol de Bermejo, un golpe durísimo que le dejó aturdido.
Él mismo se vio fuera del club mientras caminaba hacia el
vestuario, consciente de que Agapito, agazapado en su escondite, le busca un
sustituto. Si no es cesado no se debe a la confianza, sino a la imposibilidad
de encontrar un recambio o a la maltrecha economía del club si el andaluz tiene
la mala costumbre de exigir el pago
de lo firmado.
Con Manolo o con Víctor, el último antídoto para evitar el
descenso a los infiernos es el partido ante el Mallorca. La oportunidad
definitiva para olvidar los miedos, recordar que hay algún equipo peor en
Primera División y soñar con que a finales de mayo sean tres. Huele mal pero
todavía no se ha muerto.
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