martes, 19 de marzo de 2013

La decisión final

El parón liguero provocado por los compromisos internacionales de las selecciones abre un periodo de reflexión en el vestuario del Real Zaragoza. No así en las oficinas de Eduardo Ibarra -por aludir a la sala de reuniones habitual y no a la zona sombría en la que se junten Agapito Iglesias, Fernando Molinos y el resto de la directiva- donde la determinación de cesar a Manolo Jiménez o ratificarle debe tomarse con la mayor celeridad. Sin paños calientes, con rotundidad y velocidad, todo lo contrario que la forma de defender del conjunto aragonés en el Sánchez Pizjuán.


El próximo mes marcará el destino del Real Zaragoza. El conjunto blanquillo se enfrentará a los todopoderosos, Real Madrid y Barcelona, en una temporada en la que no es imposible puntuar ante dos equipos que visitarán La Romareda con la cabeza en la Champions League y la Liga ya decidida. Pero además de enfrentarse a los gigantes, habrá que medirse a los tres equipos que ocupan los puestos de descenso: Deportivo de la Coruña, Celta de Vigo y el Mallorca de Gregorio Manzano. Cinco encuentros cruciales, aquellas finales que nada tienen que ver con las de antaño y llevaban títulos a las vitrinas. Una saga de cinco películas irremediablemente agónicas y que dejará vista para sentencia la lucha por la permanencia. En abril no habrá tiempo de tomar decisiones. Bien sea para traer un revulsivo o apostar por la continuidad, ahora es el momento.

En caso de despido, el nuevo entrenador tendría varios días para trabajar con los jugadores y podría inculcar sus ideas al vestuario. Por el contrario, si se apuesta por Manolo Jiménez, ha de ser de forma definitiva y anunciarse firme y públicamente para despejar cualquier duda que exista en el entorno zaragocista y tranquilizar a un vestuario que no puede alejarse de los ecos mediáticos. Será imposible acallar los debates, se oirá ese refrán futbolístico que asegura que la ratificación significa el paso previo al despido pero es en el seno del propio club donde deben ser conscientes de que la respuesta será invariable.


El reloj marca la hora de la verdad. Las alarmas resuenan y el miedo ha invadido el zaragocismo. El club no puede tardar más en hacer pública su posición a una racha negativa de resultados sin precedentes. El veredicto no tendrá vuelta atrás y marcará el futuro de la entidad tras haber apostado por un proyecto a largo plazo liderado por Manolo Jiménez. Mantener el envite o tirar un órdago. La partida llega a su fin y ha llegado el momento de tomar la decisión final. Las cartas están sobre la mesa.


Artículo publicado en AragónSport el 19/03/2013
Fotografía Heraldo.es y AragónSport

viernes, 15 de marzo de 2013

Ndri Romaric / La apuesta de Jiménez

Tras una buena temporada en el Espanyol, Manolo Jiménez apostó por incorporar a un jugador díscolo que ya conocía de sus años en el Sevilla. El técnico creyó que podría sacar lo mejor de Ndri Romaric, no obstante ya lo había logrado en la primera temporada del centrocampista en España cuando jugó 36 de las 38 jornadas de Liga. Se conocía que no atravesaba su mejor momento físico, su tendencia a no cuidarse lo suficiente y que entre medio se disputaba una Copa África. Sin embargo, pesó más aquella temporada en la que Romaric fue el pilar sobre el que Jiménez asentó al Sevilla. En Zaragoza el objetivo era el mismo. Hasta hoy, esa apuesta esta perdida.


La afición se muestra incrédula ante la posibilidad de ver al marfileño al nivel que se esperaba. Incluso Manolo Jiménez se muestra escéptico al haber buscado otro medio centro en el mercado a pesar de que Romaric pueda volver ante el Sevilla. A la espera de ver cómo regresa tras su última lesión, no ha demostrado tener el físico para jugar partidos de la exigencia de los que tiene por delante el Real Zaragoza. 

En el primer tramo de la temporada una pubalgia no le permitía esprintar, estirar la pierna o girarse con velocidad. A pesar de ello, Jiménez le daba un partido tras otro para intentar que recuperara la forma pero no hubo milagro. Lo intentó proteger colocándole por detrás del delantero, con dos pivotes por detrás para no tener que recorrer demasiado campo pero Romaric no respondía. 

Así se marchó a la Copa África. Con la promesa de que le serviría como una pretemporada. Ante la falta de refuerzos en esa zona del campo el club lo vendió como el fichaje de invierno del equipo pero nada más lejos de la realidad. Romaric había sido titular con Costa de Marfil pero sus lagunas físicas eran evidentes aunque el ritmo tan bajo de la competición le permitiera disimularlas. No así ante la Real Sociedad, su segundo debut en La Romareda tras volver del continente africano. Aquel día se demostró que no estaba para jugar, más tras la expulsión de Litri y la salida del campo de Movilla dejando a Romaric en evidencia con tantos metros por recorrer.

Sin Apoño y ya recuperado, Romaric tiene ante sí una nueva oportunidad. Posiblemente la última opción para ir tiñendo esa apuesta de verde. En el Sánchez Pizjuán, ante una afición que no le quiere demasiado y con un equipo que necesita del Romaric omnipresente que era capaz de erigirse como el líder del centro del campo. Los escépticos nos conformamos con verle correr y que no sea expulsado.

 

lunes, 4 de marzo de 2013

Cuatromarzada / El día que el Real Zaragoza regateó al destino

Tras lo ocurrido el año pasado en La Romareda, la capital aragonesa celebra la cincomarzada desde el día anterior a lo que era tradición. Los jugadores del Real Zaragoza, al igual que hicieran los ciudadanos zaragozanos de 1838, consiguieron una victoria inesperada que se antojaba como un milagro antes de la batalla. En el siglo XIX, aquel triunfo provocó que al escudo de la ciudad se le añadiera la mención de "Siempre Heroica". Aquel 4 de marzo del 2012, La Romareda volvió a entonar desde aquella remontada un grito: "Zaragoza nunca se rinde".

Siete días antes parecía una misión imposible. Una goleada en La Rosaleda había provocado el estallido de Manolo Jiménez en la rueda de prensa posterior al encuentro. Ni siquiera hizo falta que nadie le preguntara, el técnico del Real Zaragoza resumió el partido y su estado de ánimo en 42 segundos que se presumían como el preludio a una dimisión inevitable. 


La bofetada dialéctica del entrenador a sus jugadores y al club no vino acompañada de una renuncia. Aquellas palabras fueron la última bala de Manolo Jiménez. Un disparo en busca de la reacción de una plantilla abatida, rendida a doce puntos de la salvación y en un marco caótico marcado por la oposición de La Romareda a Agapito Iglesias, quien ya no acudía a La Romareda. Un divorcio traducido en las 'Agapitadas' que se producían en cada minuto 32 de partido o en la manifestación previa al partido ante el Getafe que reunió a gran parte de la masa social zaragocista y a leyendas como Xavi Aguado o César Láinez.



Tras el 'vergonzoso' encuentro de La Rosaleda, el Villarreal visitaba Zaragoza en un encuentro calificado como el último asidero al que podía agarrarse el conjunto blanquillo. Aquella lluviosa mañana de domingo, a la pitada ya tradicional se sumó una nueva medida, una 'Agapirada' en el minuto 77 protagonizada por una afición que contemplaba más factible y trascendente la salida del máximo accionista que una remontada impensable para la mayoría. Más si cabe tras el tempranero gol del Villarreal, un tanto que alejaba la salvación a 15 puntos, que no fueron más por una soberbia actuación de Roberto en la portería. Así se llegó al minuto 77 en el que se vació La Romareda.


Gran parte de los espectadores vivirían desde los aledaños de La Romareda lo que estaba por venir. Algunos pegados a la televisión de los bares cercanos al campo, otros por la radio y algunos simplemente por el murmullo y los gritos de los que habían preferido quedarse en el campo. Lo que ocurrió en esos 13 minutos cambió el curso de los acontecimientos. Dos tantos de Luis García y de Abraham Minero en el último segundo redujeron la distancia con la salvación a 9 puntos y el goal average frente al Villarreal ganado. Una remontada que hizo entonar de nuevo el 'Sí se puede' a La Romareda. Goles que propiciaron que el vestuario creyera en el milagro. Tres puntos que cambiaron aquel "siento vergüenza" de Jiménez por un "estoy orgulloso". Una victoria que significó un quiebro a un destino que se antojaba inevitable.  

Un año después el Real Zaragoza continúa sufriendo en Primera División. No de la forma agónica de años anteriores pero la pésima dinámica de resultados del equipo en 2013 ha provocado que Manolo Jiménez haya destapado de nuevo el tarro de la testiculina. Tras el encuentro ante el Getafe, el técnico atacó a la hombría de los suyos en busca de una reacción del vestuario y, al igual que hace un año, en la previa de un partido más que crucial. 


El mensaje lanzado en el Coliseum no difiere demasiado a aquellos 42 segundos de Jiménez en La Rosaleda. No es tan contundente pero comparten el mismo objetivo: la reacción del vestuario. Una estrategia con la que el entrenador busca concienciar a los futbolistas de lo que está en juego. Recordar a la plantilla que "esta camiseta no se arrastra" y que "no puede darse por perdido un partido cuando se adelanta el rival". Evocar que, por adversa que parezca la situación, Zaragoza nunca se rinde.