lunes, 4 de marzo de 2013

Cuatromarzada / El día que el Real Zaragoza regateó al destino

Tras lo ocurrido el año pasado en La Romareda, la capital aragonesa celebra la cincomarzada desde el día anterior a lo que era tradición. Los jugadores del Real Zaragoza, al igual que hicieran los ciudadanos zaragozanos de 1838, consiguieron una victoria inesperada que se antojaba como un milagro antes de la batalla. En el siglo XIX, aquel triunfo provocó que al escudo de la ciudad se le añadiera la mención de "Siempre Heroica". Aquel 4 de marzo del 2012, La Romareda volvió a entonar desde aquella remontada un grito: "Zaragoza nunca se rinde".

Siete días antes parecía una misión imposible. Una goleada en La Rosaleda había provocado el estallido de Manolo Jiménez en la rueda de prensa posterior al encuentro. Ni siquiera hizo falta que nadie le preguntara, el técnico del Real Zaragoza resumió el partido y su estado de ánimo en 42 segundos que se presumían como el preludio a una dimisión inevitable. 


La bofetada dialéctica del entrenador a sus jugadores y al club no vino acompañada de una renuncia. Aquellas palabras fueron la última bala de Manolo Jiménez. Un disparo en busca de la reacción de una plantilla abatida, rendida a doce puntos de la salvación y en un marco caótico marcado por la oposición de La Romareda a Agapito Iglesias, quien ya no acudía a La Romareda. Un divorcio traducido en las 'Agapitadas' que se producían en cada minuto 32 de partido o en la manifestación previa al partido ante el Getafe que reunió a gran parte de la masa social zaragocista y a leyendas como Xavi Aguado o César Láinez.



Tras el 'vergonzoso' encuentro de La Rosaleda, el Villarreal visitaba Zaragoza en un encuentro calificado como el último asidero al que podía agarrarse el conjunto blanquillo. Aquella lluviosa mañana de domingo, a la pitada ya tradicional se sumó una nueva medida, una 'Agapirada' en el minuto 77 protagonizada por una afición que contemplaba más factible y trascendente la salida del máximo accionista que una remontada impensable para la mayoría. Más si cabe tras el tempranero gol del Villarreal, un tanto que alejaba la salvación a 15 puntos, que no fueron más por una soberbia actuación de Roberto en la portería. Así se llegó al minuto 77 en el que se vació La Romareda.


Gran parte de los espectadores vivirían desde los aledaños de La Romareda lo que estaba por venir. Algunos pegados a la televisión de los bares cercanos al campo, otros por la radio y algunos simplemente por el murmullo y los gritos de los que habían preferido quedarse en el campo. Lo que ocurrió en esos 13 minutos cambió el curso de los acontecimientos. Dos tantos de Luis García y de Abraham Minero en el último segundo redujeron la distancia con la salvación a 9 puntos y el goal average frente al Villarreal ganado. Una remontada que hizo entonar de nuevo el 'Sí se puede' a La Romareda. Goles que propiciaron que el vestuario creyera en el milagro. Tres puntos que cambiaron aquel "siento vergüenza" de Jiménez por un "estoy orgulloso". Una victoria que significó un quiebro a un destino que se antojaba inevitable.  

Un año después el Real Zaragoza continúa sufriendo en Primera División. No de la forma agónica de años anteriores pero la pésima dinámica de resultados del equipo en 2013 ha provocado que Manolo Jiménez haya destapado de nuevo el tarro de la testiculina. Tras el encuentro ante el Getafe, el técnico atacó a la hombría de los suyos en busca de una reacción del vestuario y, al igual que hace un año, en la previa de un partido más que crucial. 


El mensaje lanzado en el Coliseum no difiere demasiado a aquellos 42 segundos de Jiménez en La Rosaleda. No es tan contundente pero comparten el mismo objetivo: la reacción del vestuario. Una estrategia con la que el entrenador busca concienciar a los futbolistas de lo que está en juego. Recordar a la plantilla que "esta camiseta no se arrastra" y que "no puede darse por perdido un partido cuando se adelanta el rival". Evocar que, por adversa que parezca la situación, Zaragoza nunca se rinde.


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