El minuto de silencio en memoria de
Luis Aragonés fue lo más emocionante de una tarde para olvidar. El Real
Zaragoza de antaño, el de gran parte de la temporada, se despertó del apacible sueño
que disfrutó en los últimos encuentros y regresó al país de las pesadillas. Volvió a ser un equipo apático, indolente e
inofensivo, desbordado por los acontecimientos y dirigido por un entrenador
incapaz de prever lo que se avecinaba ni de revertir la situación. Zapatones les hubiera cogido uno a uno
de la pechera, como hizo con Eto’o en La Romareda, y aún no les habría soltado.
Un baño, un baile, un rondo eterno.
Cualquier calificativo se queda corto para definir una primera parte en la que Leo Franco salvó a los suyos de llevarse
un correctivo escandaloso. Tras el descanso, a pesar de que el marcador
indicaba un resultado abierto al cambio, la sensación es que un filial se
apiadó del Real Zaragoza. Se vio tan superior que no quiso hacer sangre, sólo
marear a un oponente que agonizaba en busca de la pelota. Como hicieron esos
locos bajitos comandados por su “abuelo” en
un verano que cambió el destino del fútbol español.
A la hora de analizar las derrotas se
recuerda a los ausentes, pero el encuentro del domingo dejó en evidencia la
importancia trascendental de César Arzo
si este equipo quiere tener alguna posibilidad de ascender a Primera División.
Más si cabe observando cómo se han reforzado los rivales directos y la falta de
recambios con que cuenta Paco Herrera
tras un mercado invernal que se cierra con un único fichaje, dos salidas y tres
apartados. Ni un cuarto central, ni otro medio centro ni el delantero tanque. Tanto
en ataque como en defensa el equipo es otro con el central villarrealense a los
mandos. Y parece otro con Víctor
Rodríguez en lugar de Barkero o Luis García, dos futbolistas que
volvieron a quedar retratados por la falta de oxígeno en sus piernas. Sin
embargo, son pocos los que se atreven a sentar a las vacas sagradas del
vestuario.
La pregunta del millón que asalta ahora
al zaragocismo es saber cuál es el espejismo que se ha colado entre la
verdadera realidad: si este partido
sonrojante o el último mes en el que el conjunto blanquillo fue el más efectivo
de la categoría. Pase lo que pase, las
próximas dos visitas a Lugo y Tenerife no serán definitivas. El ascenso
pasa por La Romareda, donde ya se han dejado escapar demasiados puntos. Ahí el
Real Zaragoza debe “ganar, y ganar, y
ganar y volver a ganar” si pretende ascender. Haga honor a su apellido y
échenos un cable desde ahí arriba. D.E.P. y tal.
