viernes, 14 de diciembre de 2012

Carlos Aranda / Rebelde con causa

No había disparado a puerta en noventa minutos. Un encuentro duro para un delantero. Digno del Ciudad de Valencia aunque faltasen Ballesteros y David Navarro. Pero el Levante no da lugar a los espacios juegue quien juegue. Y cuando los encontró enseguida se veía rodeado de franjas granotas. Pero en el tiempo extra un toque in extremis de Javi Álamo desajustó a la zaga levantinista y le llegó el balón. Por fin con tiempo y campo por delante. Con dos líneas de pase, con la posibilidad de encarar o de disparar a romper. Cuál genio, de todas las opciones eligió lo impensable. 




Una infancia complicada le hizo abandonar el colegio y refugiarse en el balón. Su padre abandonó el núcleo familiar cuando Carlos era solo un bebé. Tras cumplir los 9 años, su madre falleció a causa de un cáncer y del infierno de las drogas. Para ella, para Nina, van todos los goles de Aranda y la letra 'N' que luce sobre su dorsal. 

El barrio malagueño de El Palo y las playas malagueñas eran su entorno. Allí llegaba cada mañana a jugar a fútbol, sin esperanzas ni aspiraciones tras tantos reveses de la vida más allá de enviar el balón entre las dos chancletas que conformaban la portería. Del fútbol playa mantiene esa tendencia a agachar la cabeza mientras conduce el esférico, temiendo que un bote inesperado le haga perder la posesión. Entre pachanga y pachanga decidió pescar pulpos para venderlos en restaurantes y así conseguir dinero para comprarse un nuevo balón o unas botas de fútbol. Las consiguió y no dejó de golear, ya sobre el césped, pero aún en El Palo. 

Hasta que un ojeador del Real Madrid le cambió la vida. Un hombre grande con bigote, ex futbolista a quien el destino también le iba a deparar varias sorpresas. Vicente del Bosque se lo llevó a Madrid y fue su protegido en las categorías inferiores del conjunto blanco. "Estaba siempre encima de mí. Con él he aprendido a ser persona más que a ser futbolista. A mí me regañaba mucho, me encerraba con él para tener charlas… Le mirabas a los ojos y sabías que lo que te decía era por tu bien", declaró Aranda hace unos años a SportYou.

Carencias de su infancia, siempre ha necesitado sentirse querido, reconocido y protegido. Un carácter indómito, rebelde e individualista alejado del juego colectivo. Abronca al pasador que no ve sus desmarques, anárquico sobre el césped le cuesta comprender el concepto de defender. Siempre en busca de la jugada maradoniana, esa que le haga destacar por encima del resto, porque gracias a ellas pudo salir de El Palo. 

Un quebradero de cabeza para cada entrenador que ha tenido. Y son muchos, 23 desde que es profesional. Adaptar su talento al juego colectivo se antoja como una misión tan complicada que varios claudicaron y lo dieron por imposible. "Estoy permanentemente enfadado con Aranda. Es un jugador de otro nivel, me hubiera gustado tenerlo antes para buscar su regularidad", explicó Jiménez en Aragón Televisión tras la obra de arte de Aranda ante el Levante.

Hace años hubiera celebrado el tanto solo, buscando diferenciarse del resto. En Valencia lideró una piña tras correr al banquillo persiguiendo a sus compañeros. La experiencia, las charlas de Manolo Jiménez y el ambiente del vestuario del Real Zaragoza le ha hecho comprender que forma parte de un equipo. 

Ni siquiera le dio mayor importancia a lo que había hecho: "Son cosas que a veces salen y otras no. Es una cuestión de suerte". Sólo los genios, insensatos e imprudentes, se arriesgan así en los minutos finales. Un gol maradoniano que puede valer una eliminatoria.  Para Carlos Aranda, simplemente otro tanto más dedicado a Nina. 


Fotografía: Marca

martes, 11 de diciembre de 2012

El puerto de Ádám Pintér

Por unos pocos metros de distancia podría ser eslovaco y en lugar de unas botas de fútbol habría reclamado un stick y unos patines para deslizarse por el hielo. Pero Balassagyarmat, además de impronunciable, aún es Hungría. Allí nació Ádám Pintér y el legado de Ferenc Puskás todavía es lo suficientemente significativo como para que los niños magiares sueñen con un balón. Pintér comenzó a soñar desde el 12 de junio de 1988, mientras Holanda sucumbía en su encuentro inaugural de la Eurocopa de Alemania frente a la URSS. La revancha de Marco Van Basten, suplente aquel partido, se serviría unos días más tarde mediante la volea mejor ejecutada hasta la fecha

El espigado Ádám se formó en el MTK Budapest, club que posee un vínculo con el Liverpool. Pero el barco de Pintér no zarpó desde el Danubio y amarró en Anfield Road. Tras conquistar una Liga y la consecuente Supercopa húngara, el magiar fue uno de esos fichajes rocambolescos de Antonio Prieto y Agapito Iglesias por un valor de 1,2 millones de euros, los cuales como era norma general en este club, no se llegaron a pagar. Una cifra alta para un futbolista que llegó con tan sólo 22 años para vivir por primera vez fuera de su país natal. Y otro inconveniente: ¿central o stopper? Su preferencia queda clara en su presentación pero las necesidades del equipo condicionaron su rendimiento.


Tras dos temporadas sin continuidad se barruntaba una salida. Pero bien por el contagio del empecinamiento aragonés o ante la falta de opciones satisfactorias para él, la más plausible llegaba desde Israel, Pintér se negó a ser traspasado durante el pasado mercado de fichajes. Creyó en sí mismo, Manolo Jiménez le dio la alternativa en el Camp Nou y la confirmación ha llegado en Vallecas.

Frente al Rayo Vallecano, Pintér se vengó de los incrédulos que jamás nos habíamos subido a su barco. Un navío que navegaba a la deriva pero que por fin ha encontrado su puerto propicio: el centro de la defensa. Inconmensurable en el juego aéreo, bien rodeado por Sapunaru y Álvaro (dos fichajes excelsos), rápido al corte y con la garantía de una salida de balón limpia. Un partido de diez en el que opositó para mantener la titularidad. Un hueco para Pintér en el once inicial. Y para mi en el barco.


Vídeo: AragonSport

lunes, 3 de diciembre de 2012

Punto de equipo

Pérez Lasa silbó el inicio y desde la primera jugada se evidenció el gafe que envuelve cada visita del Real Zaragoza a Mallorca en las últimas temporadas. Balón suelto, Casadesús lo busca agachando la cabeza y Loovens con los tacos por delante. Una falta aparatosa, el colegiado ignoró que se trataba del primer minuto y tarjeta que se avecinaba importante para el devenir del partido. Quedaban 89 minutos, pero sobraron 79 para comprobar su trascendencia. El holandés reveló su lentitud a la hora de girar la cintura: penalty y segunda amarilla.

Antes del lanzamiento, se intuía un partido resuelto para el Mallorca. Pero emergió la figura de Roberto estirándose hasta la cepa de su poste derecho. Los bermellones no solo no aprovecharon el regalo blanquillo sino que además fueron lo suficientemente generosos como para devolverlo. Postiga rompió el envoltorio deshaciéndose de Aouate y lo alojó en la red.  Del 1-0 al 0-1 en cuestión de segundos. Por cierto, en lugar de hacer el cangrejo como José Mari, el luso lo celebró con Jiménez y todos se sumaron a la piña. Signos de equipo, de unión. Buenos augurios.


El míster no quiso mover el banquillo tras la expulsión de Loovens y prefirió acoplar a Sapunaru junto a Álvaro. Ambos se compaginaron a la perfección pero la actuación del rumano sorprendió gratamente, perfecto en los balones aéreos y subterráneos. Pero el agujero se trasladó a la banda derecha donde Zuculini se retrasó para ocupar el lateral derecho. Creí hasta anoche que era un puesto en el que, en casos de urgencia, se podría desenvolver bien al argentino, como en su día su compatriota Ponzio. Pero en el Iberostar demostró que no. O que necesita unos días de entrenamiento para conocer los secretos de esa posición. En cada jugada dudó, ¿recular o presionar? ¿cerrar o abrir el campo? ¿aguantar o meter el pie? 

Desde entonces hasta el final la misión era aguantar el resultado. Jugar con las prisas de un Mallorca que sigue sin ganar nueve jornadas después a la espera de una contra que permitiera sentenciar el encuentro. Pero la baja de Aranda y el cansancio de Víctor y Montañés dificultaban las salidas rápidas. Postiga, hombre boya, aguantaba de espaldas todo lo que podía pero a las piernas del resto les costaba salir en su apoyo. Tampoco con José Mari (min. 68 por Víctor) se ganó algo de presencia en campo balear. Sin permitir infinitas ocasiones como antaño, con apariciones estelares de Roberto en los casos de necesidad, el Real Zaragoza supo sufrir. Supo defender. Excepto por la banda derecha.


Tras 75 minutos con diez, 86 del tercer partido en seis días, Víctor Casadesús rompió el muro que Roberto había levantado en su portería. Era el día del cancerbero, uno de esos que aún no había tenido esta temporada en los que parece infranqueable. Para los resúmenes dejó una parada espectacular ante Nunes. Pero no pudo hacer nada después del enésimo centro de Giovani desde que se sitúo en el flanco de Zuculini. Abraham, de nuevo perfecto todo el encuentro, tuvo que dejar lesionado su sitio a Paredes (min. 76) que no cerró bien el segundo palo. 

Quizá abuse de las comparaciones pero son importantes para recordar de dónde viene este club. En cualquiera de las últimas temporadas, este punto no se habría logrado y el rival habría logrado la remontada. No se pudo aguantar la portería a cero pero el equipo logró sumar un punto a domicilio tras 80 minutos en inferioridad. Es para estar orgulloso aunque el punto sepa amargo. 


Planteamiento inicial
Variación de Jiménez tras la expulsión de Loovens 





















PD: Próxima estación: Vallecas. Sancionado Loovens, veremos si Jiménez opta por Sapunaru en el centro o en el lateral. Quizá apueste de nuevo por Paredes, titular en el inicio de campaña. También tiene opciones Pintér, tras actuar en el Camp Nou junto a Álvaro. Quiero ver a Goni, en su sitio, jugando como central y no sufriendo como lateral derecho.