No había disparado a puerta en noventa minutos. Un encuentro duro para un delantero. Digno del Ciudad de Valencia aunque faltasen Ballesteros y David Navarro. Pero el Levante no da lugar a los espacios juegue quien juegue. Y cuando los encontró enseguida se veía rodeado de franjas granotas. Pero en el tiempo extra un toque in extremis de Javi Álamo desajustó a la zaga levantinista y le llegó el balón. Por fin con tiempo y campo por delante. Con dos líneas de pase, con la posibilidad de encarar o de disparar a romper. Cuál genio, de todas las opciones eligió lo impensable.
Una infancia complicada le hizo abandonar el colegio y refugiarse en el balón. Su padre abandonó el núcleo familiar cuando Carlos era solo un bebé. Tras cumplir los 9 años, su madre falleció a causa de un cáncer y del infierno de las drogas. Para ella, para Nina, van todos los goles de Aranda y la letra 'N' que luce sobre su dorsal.
El barrio malagueño de El Palo y las playas malagueñas eran su entorno. Allí llegaba cada mañana a jugar a fútbol, sin esperanzas ni aspiraciones tras tantos reveses de la vida más allá de enviar el balón entre las dos chancletas que conformaban la portería. Del fútbol playa mantiene esa tendencia a agachar la cabeza mientras conduce el esférico, temiendo que un bote inesperado le haga perder la posesión. Entre pachanga y pachanga decidió pescar pulpos para venderlos en restaurantes y así conseguir dinero para comprarse un nuevo balón o unas botas de fútbol. Las consiguió y no dejó de golear, ya sobre el césped, pero aún en El Palo.
Hasta que un ojeador del Real Madrid le cambió la vida. Un hombre grande con bigote, ex futbolista a quien el destino también le iba a deparar varias sorpresas. Vicente del Bosque se lo llevó a Madrid y fue su protegido en las categorías inferiores del conjunto blanco. "Estaba siempre encima de mí. Con él he aprendido a ser persona más que a ser futbolista. A mí me regañaba mucho, me encerraba con él para tener charlas… Le mirabas a los ojos y sabías que lo que te decía era por tu bien", declaró Aranda hace unos años a SportYou.
Carencias de su infancia, siempre ha necesitado sentirse querido, reconocido y protegido. Un carácter indómito, rebelde e individualista alejado del juego colectivo. Abronca al pasador que no ve sus desmarques, anárquico sobre el césped le cuesta comprender el concepto de defender. Siempre en busca de la jugada maradoniana, esa que le haga destacar por encima del resto, porque gracias a ellas pudo salir de El Palo.
Un quebradero de cabeza para cada entrenador que ha tenido. Y son muchos, 23 desde que es profesional. Adaptar su talento al juego colectivo se antoja como una misión tan complicada que varios claudicaron y lo dieron por imposible. "Estoy permanentemente enfadado con Aranda. Es un jugador de otro nivel, me hubiera gustado tenerlo antes para buscar su regularidad", explicó Jiménez en Aragón Televisión tras la obra de arte de Aranda ante el Levante.
Hace años hubiera celebrado el tanto solo, buscando diferenciarse del resto. En Valencia lideró una piña tras correr al banquillo persiguiendo a sus compañeros. La experiencia, las charlas de Manolo Jiménez y el ambiente del vestuario del Real Zaragoza le ha hecho comprender que forma parte de un equipo.
Ni siquiera le dio mayor importancia a lo que había hecho: "Son cosas que a veces salen y otras no. Es una cuestión de suerte". Sólo los genios, insensatos e imprudentes, se arriesgan así en los minutos finales. Un gol maradoniano que puede valer una eliminatoria. Para Carlos Aranda, simplemente otro tanto más dedicado a Nina.
Un quebradero de cabeza para cada entrenador que ha tenido. Y son muchos, 23 desde que es profesional. Adaptar su talento al juego colectivo se antoja como una misión tan complicada que varios claudicaron y lo dieron por imposible. "Estoy permanentemente enfadado con Aranda. Es un jugador de otro nivel, me hubiera gustado tenerlo antes para buscar su regularidad", explicó Jiménez en Aragón Televisión tras la obra de arte de Aranda ante el Levante.
Hace años hubiera celebrado el tanto solo, buscando diferenciarse del resto. En Valencia lideró una piña tras correr al banquillo persiguiendo a sus compañeros. La experiencia, las charlas de Manolo Jiménez y el ambiente del vestuario del Real Zaragoza le ha hecho comprender que forma parte de un equipo.
Ni siquiera le dio mayor importancia a lo que había hecho: "Son cosas que a veces salen y otras no. Es una cuestión de suerte". Sólo los genios, insensatos e imprudentes, se arriesgan así en los minutos finales. Un gol maradoniano que puede valer una eliminatoria. Para Carlos Aranda, simplemente otro tanto más dedicado a Nina.
Fotografía: Marca

Gran reportaje Beto!
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