martes, 8 de enero de 2013

Álvaro González / De promesa a mariscal

Dio los primeros toques a un balón en Potes, su localidad natal, un paraje idílico en la parte occidental de Cantabria, a las faldas de los Picos de Europa. Cumplió fases en el Liébana y en la cantera del Sardinero hasta vestir la camiseta del Racing de Santander en Primera División haciendo realidad el sueño de cada noche de su infancia. Curiosamente, uno de los grandes culpables de su progresión, quizá el mayor, fue un viejo conocido del Real Zaragoza. Nada más retornar a Santander con la misión de salvar al equipo, Marcelino García Toral vislumbró en él al futuro central del Racing y lo incorporó de inmediato a los entrenamientos del primer equipo. 

La alternativa llegó en la jornada 34. Partido vital ante el Mallorca en El Sardinero. El descenso a sólo tres puntos y uno de los grandes rivales del Racing por la permanencia, el Real Zaragoza de Javier Aguirre, había logrado el sábado la machada de vencer en el Santiago Bernabéu. Álvaro González se enteró esa mañana de domingo de que iba a debutar en Primera División: "Tenía los nervios a flor de piel. Estaba agitado. Deseando que empezara todo. Después me tranquilicé. Lo primero que hice es ver cómo iba esto de Primera. Dejar que discurran los minutos sin complicarme la vida y analizando al rival", declaró el central tras el encuentro. El Racing ganó y Álvaro se retiró ovacionado en el minuto 82 tras un gran partido que le valió para continuar como titular en el centro de la zaga y conseguir la salvación.


La siguiente temporada se consolidó, con sólo 21 años, como uno de los líderes del equipo dirigido por Héctor Cúper antes de salir espantado. Estuvo muy cerca de irse al Sevilla en el mercado invernal pero optó por intentar salvar del descenso al equipo de su vida. No pudo ser y el Racing cayó a los infiernos ajusticiado por una gestión infame que se está llevando por delante a un club y a una afición. Algo de lo que se salvó por tercer año consecutivo el Real Zaragoza.

Y precisamente ese fue el destino de Álvaro. Su primer equipo fuera de Cantabria. Llegó a La Romareda como un central de futuro pero con la oportunidad de demostrarlo en el presente más próximo. Desde un primer momento, Manolo Jiménez apostó por él para liderar la zaga y el futbolista aceptó el reto y lo está cumpliendo. En pocos meses se ha convertido en uno de los jugadores más respetados por la afición. Ese tipo de futbolista al que el exigente público de La Romareda le perdona un fallo consciente de que ha sido un accidente que tardará en repetirse. Errores que él mismo reconoce sin buscar un escondite prometiendo que trabajará para subsanarlos. No importa que haya cambiado el escudo del Racing por el león rampante, la implicación es idéntica y las ganas de crecer similares.

Una promesa que ya es palpable con un futuro aún por descubrir. Álvaro González es uno de los pilares sobre los que se ha de asentar el proyecto a largo plazo que ha iniciado Manolo Jiménez. El título de "Mariscal" está vacante en La Romareda desde la marcha de Gaby Milito.  Un chaval de Potes aspira a alzarlo. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario