Juego lento y plano, posesión infructuosa, atacantes aislados y falta de oportunidades de gol. Más allá del desgaste físico que ha provocado el exigente mes de enero, la cuenta pendiente del Real Zaragoza durante toda la primera vuelta ha sido cómo atacar al rival cuando este regala el mando del balón. Especialmente en La Romareda, donde ya se han dejado escapar 20 puntos en diez partidos. Algo más preocupante si se recuerda quiénes faltan por rendir visita al Estadio Municipal: Barcelona, Real Madrid, Atlético de Madrid o Valencia.
El cambio de sistema que Manolo Jiménez introdujo en Granada es uno de los detonantes del problema. Aquel día en Los Cármenes, el míster olvidó el trivote con el que arrancó la Liga y equilibró el centro del campo con la entrada de Zuculini en la banda derecha y la salida de José Mari. Sin la obligación de llevar el peso del encuentro fue efectivo fuera de casa hasta que hubo gasolina en las piernas. Desde entonces, la responsabilidad de la sala de máquinas recayó en Apoño y Movilla y los deberes para ambos aumentaron: más campo que abarcar, mayor exigencia defensiva, más desgaste y menor presencia en zonas de peligro.
Desde aquella variación esta imagen es la más repetida en La Romareda: uno de los pivotes baja a buscar entre el central y el lateral de turno. Ahí comienza la odisea. Se suceden los intercambios de pases entre los medios y la línea de atrás hasta que la jugada acaba sin salida en una banda o en un balón largo. Cierto es que la calidad de Apoño y Movilla rebaja el ratio de pérdidas pero para evitarlas ninguno de los dos asume demasiados riesgos en forma de un balón entre líneas que venza la primera presión del rival.
Una fiabilidad que se traduce en lentitud. Falta de velocidad que provoca prisas en el equipo cuando el partido continúa igualado. Cada minuto más jugadores adelantan sus líneas y el riesgo de contragolpe es mayor y un error es determinante.
Introducir más delanteros no es sinónimo de atacar mejor, en ocasiones contraproducente al aparecer la posibilidad de partir el equipo. Sin embargo, la recuperación del viejo sistema con José Mari dotaría de mayor equilibrio al equipo. No sólo en defensa para parar las contras y dominar el juego aéreo. También en ataque al convertirle en el primer apoyo de los centrales y el dosificador de balones para Apoño y Movilla, más adelantados y libres para arriesgar con el ancla como guardaespaldas.
El pivote andaluz sorprendió a todos a comienzos de temporada. Víctor Rodríguez y José Mari, recién aterrizados desde Segunda División B, recordaban a la aparición de Pedrito y Busquets en el Año1 de Guardiola. Pero tras el cambio de sistema (a excepción del encuentro del Bernabéu donde volvió el trivote y el equipo trasladó una buena imagen) José Mari ha desaparecido de las alineaciones de Manolo Jiménez.
Incluso prefirió a Ádám Pintér como medio centro ante el Espanyol. Me subí al barco húngaro tras su gran partido como central en Vallecas, cierto es que Álvaro González hace bueno a cualquier compañero a su lado, pero como pivote es un rival más. Para fijar el buque zaragocista la mejor opción es echar el ancla y recuperar aquel sistema en el que José Mari recordaba a Busquets.
PD: Tras conocer la lesión de Zuculini la opción de retomar el trivote se presentaba como una solución a las bajas. El problema es que no ha llegado nadie en el mercado de invierno para reforzar esa posición. ¿Y Romaric? Una incógnita más.
PD: Tras conocer la lesión de Zuculini la opción de retomar el trivote se presentaba como una solución a las bajas. El problema es que no ha llegado nadie en el mercado de invierno para reforzar esa posición. ¿Y Romaric? Una incógnita más.
Perfectamente leída la situación Beto!
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