miércoles, 30 de enero de 2013

José Mari / El ancla perdida

Juego lento y plano, posesión infructuosa, atacantes aislados y falta de oportunidades de gol. Más allá del desgaste físico que ha provocado el exigente mes de enero, la cuenta pendiente del Real Zaragoza durante toda la primera vuelta ha sido cómo atacar al rival cuando este regala el mando del balón. Especialmente en La Romareda, donde ya se han dejado escapar 20 puntos en diez partidos. Algo más preocupante si se recuerda quiénes faltan por rendir visita al Estadio Municipal: Barcelona, Real Madrid, Atlético de Madrid o Valencia.

El cambio de sistema que Manolo Jiménez introdujo en Granada es uno de los detonantes del problema. Aquel día en Los Cármenes, el míster olvidó el trivote con el que arrancó la Liga y equilibró el centro del campo con la entrada de Zuculini en la banda derecha y la salida de José MariSin la obligación de llevar el peso del encuentro fue efectivo fuera de casa hasta que hubo gasolina en las piernas. Desde entonces, la responsabilidad de la sala de máquinas recayó en Apoño y Movilla  y los deberes para ambos aumentaron: más campo que abarcar, mayor exigencia defensiva, más desgaste y menor presencia en zonas de peligro. 


Desde aquella variación esta imagen es la más repetida en La Romareda: uno de los pivotes baja a buscar entre el central y el lateral de turno. Ahí comienza la odisea. Se suceden los intercambios de pases entre los medios y la línea de atrás hasta que la jugada acaba sin salida en una banda o en un balón largo. Cierto es que la calidad de Apoño y Movilla rebaja el ratio de pérdidas pero para evitarlas ninguno de los dos asume demasiados riesgos en forma de un balón entre líneas que venza la primera presión del rival.

Una fiabilidad que se traduce en lentitud. Falta de velocidad que provoca prisas en el equipo cuando el partido continúa igualado. Cada minuto más jugadores adelantan sus líneas y el riesgo de contragolpe es mayor y un error es determinante.

Introducir más delanteros no es sinónimo de atacar mejor, en ocasiones contraproducente al aparecer la posibilidad de partir el equipo. Sin embargo, la recuperación del viejo sistema con José Mari dotaría de mayor equilibrio al equipo. No sólo en defensa para parar las contras y dominar el juego aéreo. También en ataque al convertirle en el primer apoyo de los centrales y el dosificador de balones para Apoño y Movilla, más adelantados y libres para arriesgar con el ancla como guardaespaldas.

El pivote andaluz sorprendió a todos a comienzos de temporada. Víctor Rodríguez y José Mari, recién aterrizados desde Segunda División B, recordaban a la aparición de Pedrito y Busquets en el Año1 de Guardiola. Pero tras el cambio de sistema (a excepción del encuentro del Bernabéu donde volvió el trivote y el equipo trasladó una buena imagen) José Mari ha desaparecido de las alineaciones de Manolo Jiménez

Incluso prefirió a Ádám Pintér como medio centro ante el Espanyol. Me subí al barco húngaro tras su gran partido como central en Vallecas, cierto es que Álvaro González hace bueno a cualquier compañero a su lado, pero como pivote es un rival más. Para fijar el buque zaragocista la mejor opción es echar el ancla y recuperar aquel sistema en el que José Mari recordaba a Busquets.


PD: Tras conocer la lesión de Zuculini la opción de retomar el trivote se presentaba como una solución a las bajas. El problema es que no ha llegado nadie en el mercado de invierno para reforzar esa posición. ¿Y Romaric? Una incógnita más.

viernes, 25 de enero de 2013

¿Ilusión o distracción?

Se acabó la quimera copera del Real Zaragoza. Un despertar amargo, de esos en los que vuelves a cerrar los ojos deseando retomar el sueño en el preciso momento en el que le habías dicho adiós. Pero nunca pasa. Bien es cierto que esta vez se llegó más lejos que en las últimas temporadas, evitando caer a las primeras de cambio. Aún así, no ha sido suficiente para un sector de la afición que considera que Manolo Jiménez no le ha dado la importancia que la Copa del Rey merece.

"Manolo ha tirado la Copa", se escucha en los bares. Nada más lejos de la realidad. El técnico fue a ganar a Sevilla pero consciente de cuál es el principal objetivo de esta temporada: no pasar en Liga los apuros de años anteriores. Y los 22 puntos conseguidos en la primera vuelta no son suficientes para asegurarlo. Menos todavía viendo como el técnico sólo confía a ultranza en apenas 14 futbolistas, de los cuales muchos debutan en Primera División o acaban de hacerlo hace unos meses. Jiménez creyó en un partido largo en el Sánchez Pizjuán, reservando a Montañés, Postiga o Movilla para esa última media hora en la que se decidiría la eliminatoria. Un plan que se vino abajo con la expulsión de Fernández, la lesión de Álamo -mejor como delantero con espacios que en la banda- y el enésimo gol recibido a balón parado en la zona del primer palo. 

Cierto es que los dos últimos títulos coperos que levantó el Real Zaragoza se lograron en años en los que también se luchaba por no descender al infierno de Segunda División. Pero las circunstancias son bien distintas. Un cuadro bastante más asequible, como en el caso de 2001, fichajes invernales importantes como fue la vuelta de Esnáider a aquel equipo de Luis Costa o los de Movilla y Dani García Lara al de Víctor Muñoz el año del 'galacticazo' y, sobre todo, plantillas más amplias y experimentadas en una época menos exigente físicamente.

Fin a la ilusión de la Copa. Adiós a las distracciones, pensará Jiménez. Toca volver a casa y esperar que no se alargue la resaca durante el fin de semana. La Romareda debe convertirse en un fortín esta segunda vuelta tras las seis derrotas del primer tramo de temporada

viernes, 11 de enero de 2013

Noches mágicas

En unos cuartos de final, esa tenue ilusión con la que se inicia la competición se transforma en una fe inquebrantable. La Romareda cree en la gesta y el equipo se contagia. En esta ocasión, tantas temporadas después y con Manolo Jiménez como mediador entre la grada y el vestuario, el ambiente no puede ser distinto al de otras grandes noches. 

Como aquella prórroga ante el Betis, uno de mis primeros recuerdos en el campo. El equipo de Serra Ferrer, aún en Segunda División, se enfrentó al Real Zaragoza tras lograr la machada de eliminar al Barça del Dream Team. Por su parte, los de Víctor Fernández venían de derrotar al Sevilla de Luís Aragonés. Eliminatoria agónica que resolvió Gustavo Poyet en el Sánchez Pizjuán con uno de sus muchos goles sobre la bocina.  

En el Benito Villamarín, Santi Aragón acercó el pase a la final del Vicente Calderón dando la victoria al equipo blanquillo. Pero en la vuelta, el Real Zaragoza no remató la faena. El Betis luchó hasta el último minuto y precisamente en ese instante, mientras los aficionados se preparaban para ovacionar al equipo, apareció la cabeza de Roberto Ríos. Pero al menos, gracias a ese tanto, se pudo disfrutar de media hora apasionante.


En la temporada 2003/2004, el Real Zaragoza peleaba por salir del descenso mientras pasaba de puntillas rondas de la Copa del Rey. Primero una parada estratosférica de Lainez ante el Mirandés, luego un gol de Galletti sin querer en Salamanca y después dos tantos de Vellisca y Drulic ante el Betis posibilitaron llegar a 1/4 de final. El rival: el FC Barcelona del primer año de Fran Rijkaard. En la ida, un tanto de Villa permitía soñar al zaragocismo. Yordi lo haría realidad.


Sin duda, la Copa del Rey de 2006 será recordada por las dos noches mágicas consecutivas que se vivieron en el coliseo zaragocista. No se ganó aquel trofeo, pero el camino se disfrutó como pocas otras veces. La primera victima de enjundia de los contraataques lanzados por Cani y finalizados por Diego Milito y Ewerthon fue un Barcelona que acabaría levantando todos los trofeos de la temporada salvo esta Copa del Rey. Óscar González remataría la eliminatoria con una parábola espectacular en el Camp Nou tras la goleada en La Romareda.


El éxtasis llegaría en semifinales. El Real Madrid de López Caro pretendía salvar la temporada con el título copero. Apenas descansaban estrellas blancas, sólo Zidane sentado en el banquillo no era de la partida. Iker, Ramos, Roberto Carlos, Beckham o Ronaldo sufrieron desde el primer minuto la avalancha zaragocista. Uno de los mejores partidos que se han visto en La Romareda.


martes, 8 de enero de 2013

Álvaro González / De promesa a mariscal

Dio los primeros toques a un balón en Potes, su localidad natal, un paraje idílico en la parte occidental de Cantabria, a las faldas de los Picos de Europa. Cumplió fases en el Liébana y en la cantera del Sardinero hasta vestir la camiseta del Racing de Santander en Primera División haciendo realidad el sueño de cada noche de su infancia. Curiosamente, uno de los grandes culpables de su progresión, quizá el mayor, fue un viejo conocido del Real Zaragoza. Nada más retornar a Santander con la misión de salvar al equipo, Marcelino García Toral vislumbró en él al futuro central del Racing y lo incorporó de inmediato a los entrenamientos del primer equipo. 

La alternativa llegó en la jornada 34. Partido vital ante el Mallorca en El Sardinero. El descenso a sólo tres puntos y uno de los grandes rivales del Racing por la permanencia, el Real Zaragoza de Javier Aguirre, había logrado el sábado la machada de vencer en el Santiago Bernabéu. Álvaro González se enteró esa mañana de domingo de que iba a debutar en Primera División: "Tenía los nervios a flor de piel. Estaba agitado. Deseando que empezara todo. Después me tranquilicé. Lo primero que hice es ver cómo iba esto de Primera. Dejar que discurran los minutos sin complicarme la vida y analizando al rival", declaró el central tras el encuentro. El Racing ganó y Álvaro se retiró ovacionado en el minuto 82 tras un gran partido que le valió para continuar como titular en el centro de la zaga y conseguir la salvación.


La siguiente temporada se consolidó, con sólo 21 años, como uno de los líderes del equipo dirigido por Héctor Cúper antes de salir espantado. Estuvo muy cerca de irse al Sevilla en el mercado invernal pero optó por intentar salvar del descenso al equipo de su vida. No pudo ser y el Racing cayó a los infiernos ajusticiado por una gestión infame que se está llevando por delante a un club y a una afición. Algo de lo que se salvó por tercer año consecutivo el Real Zaragoza.

Y precisamente ese fue el destino de Álvaro. Su primer equipo fuera de Cantabria. Llegó a La Romareda como un central de futuro pero con la oportunidad de demostrarlo en el presente más próximo. Desde un primer momento, Manolo Jiménez apostó por él para liderar la zaga y el futbolista aceptó el reto y lo está cumpliendo. En pocos meses se ha convertido en uno de los jugadores más respetados por la afición. Ese tipo de futbolista al que el exigente público de La Romareda le perdona un fallo consciente de que ha sido un accidente que tardará en repetirse. Errores que él mismo reconoce sin buscar un escondite prometiendo que trabajará para subsanarlos. No importa que haya cambiado el escudo del Racing por el león rampante, la implicación es idéntica y las ganas de crecer similares.

Una promesa que ya es palpable con un futuro aún por descubrir. Álvaro González es uno de los pilares sobre los que se ha de asentar el proyecto a largo plazo que ha iniciado Manolo Jiménez. El título de "Mariscal" está vacante en La Romareda desde la marcha de Gaby Milito.  Un chaval de Potes aspira a alzarlo.