viernes, 14 de diciembre de 2012

Carlos Aranda / Rebelde con causa

No había disparado a puerta en noventa minutos. Un encuentro duro para un delantero. Digno del Ciudad de Valencia aunque faltasen Ballesteros y David Navarro. Pero el Levante no da lugar a los espacios juegue quien juegue. Y cuando los encontró enseguida se veía rodeado de franjas granotas. Pero en el tiempo extra un toque in extremis de Javi Álamo desajustó a la zaga levantinista y le llegó el balón. Por fin con tiempo y campo por delante. Con dos líneas de pase, con la posibilidad de encarar o de disparar a romper. Cuál genio, de todas las opciones eligió lo impensable. 




Una infancia complicada le hizo abandonar el colegio y refugiarse en el balón. Su padre abandonó el núcleo familiar cuando Carlos era solo un bebé. Tras cumplir los 9 años, su madre falleció a causa de un cáncer y del infierno de las drogas. Para ella, para Nina, van todos los goles de Aranda y la letra 'N' que luce sobre su dorsal. 

El barrio malagueño de El Palo y las playas malagueñas eran su entorno. Allí llegaba cada mañana a jugar a fútbol, sin esperanzas ni aspiraciones tras tantos reveses de la vida más allá de enviar el balón entre las dos chancletas que conformaban la portería. Del fútbol playa mantiene esa tendencia a agachar la cabeza mientras conduce el esférico, temiendo que un bote inesperado le haga perder la posesión. Entre pachanga y pachanga decidió pescar pulpos para venderlos en restaurantes y así conseguir dinero para comprarse un nuevo balón o unas botas de fútbol. Las consiguió y no dejó de golear, ya sobre el césped, pero aún en El Palo. 

Hasta que un ojeador del Real Madrid le cambió la vida. Un hombre grande con bigote, ex futbolista a quien el destino también le iba a deparar varias sorpresas. Vicente del Bosque se lo llevó a Madrid y fue su protegido en las categorías inferiores del conjunto blanco. "Estaba siempre encima de mí. Con él he aprendido a ser persona más que a ser futbolista. A mí me regañaba mucho, me encerraba con él para tener charlas… Le mirabas a los ojos y sabías que lo que te decía era por tu bien", declaró Aranda hace unos años a SportYou.

Carencias de su infancia, siempre ha necesitado sentirse querido, reconocido y protegido. Un carácter indómito, rebelde e individualista alejado del juego colectivo. Abronca al pasador que no ve sus desmarques, anárquico sobre el césped le cuesta comprender el concepto de defender. Siempre en busca de la jugada maradoniana, esa que le haga destacar por encima del resto, porque gracias a ellas pudo salir de El Palo. 

Un quebradero de cabeza para cada entrenador que ha tenido. Y son muchos, 23 desde que es profesional. Adaptar su talento al juego colectivo se antoja como una misión tan complicada que varios claudicaron y lo dieron por imposible. "Estoy permanentemente enfadado con Aranda. Es un jugador de otro nivel, me hubiera gustado tenerlo antes para buscar su regularidad", explicó Jiménez en Aragón Televisión tras la obra de arte de Aranda ante el Levante.

Hace años hubiera celebrado el tanto solo, buscando diferenciarse del resto. En Valencia lideró una piña tras correr al banquillo persiguiendo a sus compañeros. La experiencia, las charlas de Manolo Jiménez y el ambiente del vestuario del Real Zaragoza le ha hecho comprender que forma parte de un equipo. 

Ni siquiera le dio mayor importancia a lo que había hecho: "Son cosas que a veces salen y otras no. Es una cuestión de suerte". Sólo los genios, insensatos e imprudentes, se arriesgan así en los minutos finales. Un gol maradoniano que puede valer una eliminatoria.  Para Carlos Aranda, simplemente otro tanto más dedicado a Nina. 


Fotografía: Marca

martes, 11 de diciembre de 2012

El puerto de Ádám Pintér

Por unos pocos metros de distancia podría ser eslovaco y en lugar de unas botas de fútbol habría reclamado un stick y unos patines para deslizarse por el hielo. Pero Balassagyarmat, además de impronunciable, aún es Hungría. Allí nació Ádám Pintér y el legado de Ferenc Puskás todavía es lo suficientemente significativo como para que los niños magiares sueñen con un balón. Pintér comenzó a soñar desde el 12 de junio de 1988, mientras Holanda sucumbía en su encuentro inaugural de la Eurocopa de Alemania frente a la URSS. La revancha de Marco Van Basten, suplente aquel partido, se serviría unos días más tarde mediante la volea mejor ejecutada hasta la fecha

El espigado Ádám se formó en el MTK Budapest, club que posee un vínculo con el Liverpool. Pero el barco de Pintér no zarpó desde el Danubio y amarró en Anfield Road. Tras conquistar una Liga y la consecuente Supercopa húngara, el magiar fue uno de esos fichajes rocambolescos de Antonio Prieto y Agapito Iglesias por un valor de 1,2 millones de euros, los cuales como era norma general en este club, no se llegaron a pagar. Una cifra alta para un futbolista que llegó con tan sólo 22 años para vivir por primera vez fuera de su país natal. Y otro inconveniente: ¿central o stopper? Su preferencia queda clara en su presentación pero las necesidades del equipo condicionaron su rendimiento.


Tras dos temporadas sin continuidad se barruntaba una salida. Pero bien por el contagio del empecinamiento aragonés o ante la falta de opciones satisfactorias para él, la más plausible llegaba desde Israel, Pintér se negó a ser traspasado durante el pasado mercado de fichajes. Creyó en sí mismo, Manolo Jiménez le dio la alternativa en el Camp Nou y la confirmación ha llegado en Vallecas.

Frente al Rayo Vallecano, Pintér se vengó de los incrédulos que jamás nos habíamos subido a su barco. Un navío que navegaba a la deriva pero que por fin ha encontrado su puerto propicio: el centro de la defensa. Inconmensurable en el juego aéreo, bien rodeado por Sapunaru y Álvaro (dos fichajes excelsos), rápido al corte y con la garantía de una salida de balón limpia. Un partido de diez en el que opositó para mantener la titularidad. Un hueco para Pintér en el once inicial. Y para mi en el barco.


Vídeo: AragonSport

lunes, 3 de diciembre de 2012

Punto de equipo

Pérez Lasa silbó el inicio y desde la primera jugada se evidenció el gafe que envuelve cada visita del Real Zaragoza a Mallorca en las últimas temporadas. Balón suelto, Casadesús lo busca agachando la cabeza y Loovens con los tacos por delante. Una falta aparatosa, el colegiado ignoró que se trataba del primer minuto y tarjeta que se avecinaba importante para el devenir del partido. Quedaban 89 minutos, pero sobraron 79 para comprobar su trascendencia. El holandés reveló su lentitud a la hora de girar la cintura: penalty y segunda amarilla.

Antes del lanzamiento, se intuía un partido resuelto para el Mallorca. Pero emergió la figura de Roberto estirándose hasta la cepa de su poste derecho. Los bermellones no solo no aprovecharon el regalo blanquillo sino que además fueron lo suficientemente generosos como para devolverlo. Postiga rompió el envoltorio deshaciéndose de Aouate y lo alojó en la red.  Del 1-0 al 0-1 en cuestión de segundos. Por cierto, en lugar de hacer el cangrejo como José Mari, el luso lo celebró con Jiménez y todos se sumaron a la piña. Signos de equipo, de unión. Buenos augurios.


El míster no quiso mover el banquillo tras la expulsión de Loovens y prefirió acoplar a Sapunaru junto a Álvaro. Ambos se compaginaron a la perfección pero la actuación del rumano sorprendió gratamente, perfecto en los balones aéreos y subterráneos. Pero el agujero se trasladó a la banda derecha donde Zuculini se retrasó para ocupar el lateral derecho. Creí hasta anoche que era un puesto en el que, en casos de urgencia, se podría desenvolver bien al argentino, como en su día su compatriota Ponzio. Pero en el Iberostar demostró que no. O que necesita unos días de entrenamiento para conocer los secretos de esa posición. En cada jugada dudó, ¿recular o presionar? ¿cerrar o abrir el campo? ¿aguantar o meter el pie? 

Desde entonces hasta el final la misión era aguantar el resultado. Jugar con las prisas de un Mallorca que sigue sin ganar nueve jornadas después a la espera de una contra que permitiera sentenciar el encuentro. Pero la baja de Aranda y el cansancio de Víctor y Montañés dificultaban las salidas rápidas. Postiga, hombre boya, aguantaba de espaldas todo lo que podía pero a las piernas del resto les costaba salir en su apoyo. Tampoco con José Mari (min. 68 por Víctor) se ganó algo de presencia en campo balear. Sin permitir infinitas ocasiones como antaño, con apariciones estelares de Roberto en los casos de necesidad, el Real Zaragoza supo sufrir. Supo defender. Excepto por la banda derecha.


Tras 75 minutos con diez, 86 del tercer partido en seis días, Víctor Casadesús rompió el muro que Roberto había levantado en su portería. Era el día del cancerbero, uno de esos que aún no había tenido esta temporada en los que parece infranqueable. Para los resúmenes dejó una parada espectacular ante Nunes. Pero no pudo hacer nada después del enésimo centro de Giovani desde que se sitúo en el flanco de Zuculini. Abraham, de nuevo perfecto todo el encuentro, tuvo que dejar lesionado su sitio a Paredes (min. 76) que no cerró bien el segundo palo. 

Quizá abuse de las comparaciones pero son importantes para recordar de dónde viene este club. En cualquiera de las últimas temporadas, este punto no se habría logrado y el rival habría logrado la remontada. No se pudo aguantar la portería a cero pero el equipo logró sumar un punto a domicilio tras 80 minutos en inferioridad. Es para estar orgulloso aunque el punto sepa amargo. 


Planteamiento inicial
Variación de Jiménez tras la expulsión de Loovens 





















PD: Próxima estación: Vallecas. Sancionado Loovens, veremos si Jiménez opta por Sapunaru en el centro o en el lateral. Quizá apueste de nuevo por Paredes, titular en el inicio de campaña. También tiene opciones Pintér, tras actuar en el Camp Nou junto a Álvaro. Quiero ver a Goni, en su sitio, jugando como central y no sufriendo como lateral derecho.

jueves, 29 de noviembre de 2012

El otro Leo

No se apellida Baptistao. Ni por supuesto Messi. Pero al igual que ambos futbolistas ha sido decisivo para su equipo. Además, después de que un sector -en el que me incluyo e incluso me erijo como abanderado- dudaran de la decisión de Manolo Jiménez al darle la titularidad en detrimento de Roberto. Leo Franco, apoyado por Loovens, obró un milagro al evitar un tanto definitivo y que habría significado un golpe durísimo para el zaragocismo. Una estirada llena de rabia que ha dado algo más que un billete para la siguiente fase de la Copa del Rey. Para Leo, para el equipo y para la afición.


Un encuentro de noventa minutos se resuelve en detalles como esta milagrosa jugada. En acciones puntuales como dos remates de cabeza de Sapunaru. En decisiones arbitrales -Gil Manzano demostró en Los Cármenes un doble rasero evidente- o en milímetros como el que le faltó a Paco Montañés para resolver la eliminatoria. Pero también en cambios. Y esta vez, aunque tardó varios minutos que podrían haber costado la eliminatoria, Manolo Jiménez acertó al introducir a Carlos Aranda tras la expulsión de PostigaAntes de irse a la ducha, el portugués heló su sangre caliente en el área para levantar la cabeza y asistir a José Mari quien voleó magistralmente una bola ideal. 


Pero la segunda amarilla al delantero volteó una eliminatoria que parecía sentenciada. El Real Zaragoza reculó, renunció por completo al balón, también a atacar, para centrarse en su peor asignatura: defender. Y apenas tardó siete minutos en demostrarlo. Una vez más a balón parado, de nuevo en el primer palo. El punto débil que ya explotó Camacho en La Romareda.

El otro es la obsesión de los centrales por recular cuando se ven en apuros. Le ocurre a Javier Paredes constantemente y lo mismo decidió Loovens al ser encarado por Ighalo. Un tanto que a Benito Floro hubiera sacado de quicio, maniático de los saques de banda, como el que originó el contragolpe que dejó al nigeriano metros por delante y al holandés acongojado, solo ante el peligro y desafortunado al desviar el disparo. De nuevo, la importancia manifiesta de los detalles. Sapunaru puso el balón en juego, lejos del baldosín de Romaric -sigue en la búsqueda de su forma y de su sitio- y con un pase el Granada atravesó la medular y creó el primer gol. 

Con sufrimiento. Así ocurrió ante el Pontevedra en la última eliminatoria que acabó en victoria blanquilla. Al igual, recuerda Xavi Aguado, que aquella primera fase decidida en Miranda en el último suspiro con otra estirada, también milagrosa, de César Laínez que se transformó en gol. La primera piedra del "Galacticazo".


Esta vez el héroe fue Leo Franco. Gracias a su acción, el Real Zaragoza tiene en la cartera el billete para 1/8 de final. Bonito homenaje en una fecha especial en la que el zaragocismo recordó a Alfonso Solans Serrano y a Carlos Lapetra. Quizá entre los dos, conocedores de la importancia de la Copa del Rey para la ciudad, ayudaron a Leo a obrar el milagro.


Fotografía: Agencia EFE

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Anhelos coperos

Real Sociedad, Málaga, Betis y Alcorcón han apartado al Real Zaragoza de su competición fetiche a las primeras de cambio. Cuatro temporadas consecutivas sin llegar siquiera a la segunda ronda de la competición del KO. Ante el Granada, el conjunto aragonés tiene la oportunidad de romper el gafe, acabar con el garrafón y disfrutar de la Copa. Dice la historia - @HistoriaRZarago - que el club nunca ha sido eliminado en cinco ocasiones seguidas. Y no es el momento de romper estadísticas. 

Por supuesto, la Liga es primordial. Pero tal y como viene creciendo el equipo de Manolo Jiménez y tras el buen resultado cosechado en la ida una eliminación supondría un mazazo. Más para la afición que dentro del vestuario, donde el míster concienciaría a los jugadores, pero a La Romareda se le quitaría de las manos su caramelo favorito. Pasar estimula, caer desanima.

Por ello, Jiménez debe de apostar por un once de garantías en Los Cármenes. Partiendo de la portería, donde Roberto debe jugar de titular en detrimento de Leo Franco. El argentino es un gran profesional y una parte importante dentro del vestuario pero sin la capacidad de obrar milagros que posee el meta madrileño. Las diferencias son insalvables en la portería. 

En cambio, en otras líneas, Jiménez hará cambios. El míster conoce mejor que nadie el cansancio acumulado de los suyos, más acentuado en el centro del campo, como es el caso  de Apoño, quien se ha quedado fuera de la convocatoria.  Zuculini tiene muchas opciones de ser titular, quizá José Mari pueda tener minutos tras su lesión mientras esperan en la recámara Romaric o Adam Pintér. El húngaro, al igual que Goni o Paredes, podrían ser opciones para suplir a la zaga titular mientras Aranda o Postiga ejercerán de nueve. En mi opinión, cuanto menos cambios mejor. 

El Levante espera en los octavos de final tras remontar al Melilla. Un rival rocoso, pero con dos frentes abiertos más: la Liga y el sueño europeo. Este año la Copa ilusiona, se rememoran gestas pasadas, viajes de ida y vuelta con el billete a la siguiente fase en la cartera, el ambiente previo a la gran final, la Plaza del Pilar... Primera estación: Granada. La última: por determinar.


Fotografía: La Vanguardia

martes, 27 de noviembre de 2012

Varapalo a la euforia

Manolo Jiménez había intentado poner mesura pero el zaragocismo ansía motivos y aspectos con los que ilusionarse tras tantos años de sufrimiento. El buen juego del equipo en el último mes, incluyendo las derrotas en Madrid y Barcelona pero especialmente tras vencer a Sevilla y remontar ante el Deportivo de La Coruña, habían inducido a que la afición levitara, por más que la conciencia alzase la voz proclamando mantener los pies en el suelo. Pero no fue la conciencia, sino Iago Aspas quien devolvió a La Romareda ese sentir amargo que inundó el Estadio Municipal en el pasado.

Una victoria distanciaba el descenso a siete puntos y hubiera permitido al Real Zaragoza inclinar aún más el cuello intentando alcanzar con la vista las posiciones europeas. Pero ese no es el objetivo, el reto como aseguró Jiménez es "no sufrir en el mes de mayo". Y a poder ser tampoco en el de abril. 

Para conseguirlo, el Real Zaragoza ya posee un guión, un libro de ruta que ante el Celta funcionó durante 75 minutos. Un plan que pasa por monopolizar el balón y aminorar el riesgo de pérdidas asegurando la posesión. Personalmente, celebro que el míster haya elegido el balón como protagonista principal, una idea no vista en La Romareda desde Víctor FernándezY se llevo a cabo a la perfección en la primera mitad salvo dos errores que dieron lugar a sendos contragolpes gallegos, ambos clarísimos, que ni Iago Aspas ni Bermejo pudieron finalizar en remate. Sin embargo, estos sustos atenazaron a Abraham y Sapunaru, más  pendientes de ayudar a los centrales que en abrir y alargar el campo en la primera mitad, transformando el ataque zaragocista en un embudo que sólo el desborde y el descaro de Víctor y Montañés pudieron evitar en alguna ocasión. Ambos futbolistas se erigieron en los más activos del ataque blanquillo y evidenciaron una evolución constante en su repertorio. Dos futbolistas en ebullición.

Pero el gol no llegó. Tampoco Jiménez consiguió el efecto deseado con el cambio de Aranda por Edu Oriol, a quien aún le falta esa chispa con la que cerró la pasada temporada, dejando al equipo sin un enlace por el centro ya que Víctor se trasladó a la banda derecha que ocupaba el de Cambrils. Cada minuto que se comía el reloj, las líneas del Real Zaragoza se distanciaban más unas de las otras y los apoyos aparecían cada vez menos.

El Celta se arropó durante 3/4 de partido esperando su momento, el instante en el que el rival se parte por el centro, en este caso, Movilla y Apoño. Pocos equipos de Primera División lucen un centro del campo -doble pivote o trivote- tan orientado al juego de ataque como el Real Zaragoza. Pero en esto del fútbol: no hay bien que por mal no venga. Movilla y Apoño se vieron obligados a recorrer varias veces más de 60 metros en las contras viguesas. Un desgaste que sumado a los constantes apoyos que ofrecieron a sus compañeros durante 75 minutos minaron la sala de máquinas del Real Zaragoza. Entonces llegó el momento del Celta: subida de Roberto Lago, Sapunaru y Loovens fuera de zona y Movilla no consigue abarcar una banda derecha desguarnecida. Ahí estaba Iago Aspas, un incordio constante, eléctrico y con una zurda exquisita. Si el Celta salva la categoría, él tendrá gran parte de culpa.

No pudo ser y el Real Zaragoza sufrió su cuarta derrota en La Romareda, todas ellas 0-1, alguna más inmerecida que otra pero que evidencian la importancia de abrir la lata para evitar que la ansiedad de te lleve a "perder en diez minutos lo que no has sabido ganar en 80", como aseguró Manolo Jiménez, quien también quiso ganar descuidando la sala de máquinas aragonesa manteniendo en el banquillo a Zuculini o Romaric. Aunque el ancla de Jiménez estaba en la grada, José Mari, a quien míster y compañeros añoran sobre el césped. Pero este es el camino a seguir, el diseñado por el entrenador para evitar los infartos al final de la presente temporada. Vuelta a la realidad y tiempo para pulir los errores en la Ciudad Deportiva.

Este varapalo a la euforia aconseja buscar la victoria en Mallorca y Vallecas, dos partidos consecutivos fuera de casa que podrían encender las alarmas. Pero antes toca soñar con la Copa del Rey, en esta competición si está permitido, olvidando los dos días más de descanso que tiene el Granada para hacer bueno el gol de Aranda en el partido de ida. No lo puedo evitar, la Copa si desata mi euforia.


Imágenes: Heraldo de Aragón y El Confidencial

lunes, 19 de noviembre de 2012

Desvergonzados

Ya ha pasado lo peor. En quince días, el Real Zaragoza ha visitado las dos plazas más temidas de Primera División: Elm Street y la Calle Fleet, asocien a su gusto cuál es el coliseo blanco y el azulgrana. Partidos que en anteriores temporadas se asemejaron a largometrajes terroríficos, incluso podían llegar a sembrar más pánico en la tribuna del propio estadio que en una sala de cine, como aquel aciago debut de la semi plantilla de Javier Aguirre en La Romareda. Un 0-6 con Roberto como héroe tras ser fusilado en más de treinta ocasiones. O la temporada 2009/2010 cuando entre Marcelino, José Aurelio Gay y los jugadores consiguieron el parcial maltés de 12-1 en contra sumando ambas visitas. Hat trick de Seydou Keyta incluido en Barcelona y doblete de Van der Vaart en Madrid. 

Pero con Manolo Jiménez tales ridículos no se permiten desde aquel rugido en La Rosaleda el  pasado mes de febrero. Desde aquel acicate, el zaragocismo dejó de sentir vergüenza. Ni siquiera en los peores escenarios posibles, antaño terroríficos, hoy utilizados como campo de pruebas y de crecimiento personal. Porque admitámoslo, más allá del buen fútbol que el conjunto blanquillo desplegó en ambos partidos, puntuar es una hazaña destinada a los dichosos y bienaventurados, como la noche en que Ángel Lafita fue tocado por una varita en el  mejor partido de su carrera deportiva.



Por más que sean previsibles, las derrotas duelen aunque escuezan menos a lo largo de la semana cuando no han sido tan profundas. Las distancias son tan grandes que el técnico de El Arahal se centró en el partido del próximo fin de semana -en realidad del lunes; maldito mono- ante el Celta mientras se enfrentaba al Deportivo de la Coruña. Con Barcelona de por medio. Quizá criticable, pero sobre todo comprensible. Sapunaru forzó la tarjeta y Abraham no la forzó premeditadamente porque la vio antes sin querer evitarlo. Además, Loovens tuvo un golpecito en la rodilla que no se esmeró en curar y Postiga dejó su sitio en punta a Aranda. Todo vale para estar al 150% ante el Celta, incluso jugar con el 50% del equipo titular en el Camp Nou. Y el PlanB no desentonó, ni mucho menos. Lástima que el Plan AntiMessi aún no haya sido inventado.

Manolo Jiménez ha conseguido en diez meses darle la vuelta a un club destrozado que no sólo no ha salido indemne de las visitas más complicadas, si derrotado, pero también reforzado en un sistema de juego. Toca demostrarlo ante los rivales de la Liga de los Mortales. El calendario hasta el parón invernal (Celta, Mallorca, Rayo Vallecano, Levante, Athletic y la vuelta de la Copa en Granada) determinará los objetivos finales a los que puede aspirar. Pero con los pies en el suelo. Lo primordial es no tener miedo en mayo.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Con Messi basta


Una vez más el 10 fue el factor diferencial. De sus botas surgieron los tres tantos azulgranas y las oportunidades más claras del partido. Su influencia en el juego parece no tener techo acrecentándose cada temporada, batiendo records de otros tiempos mientras desatasca cualquier entramado defensivo. Con una naturalidad que asusta, Leo Messi hizo ganar al Barcelona un encuentro igualado si se obvia el talento del argentino.

Demostrando su humanidad erró en la primera ocasión del partido tras un pase de Jordi Alba, desequilibrante e incansable por la banda izquierda, con un disparo colocado que lamió el palo derecho de la portería aragonesa. La misma jugada se repitió al cuarto de hora y Messi se desquitó  de su fallo anterior definiendo con suavidad por el mismo lado tras un control eléctrico que sorprendió a Álvaro. Como en tantos otros goles, el argentino inició y finalizó la jugada. 

También ocurrió en el tercero en la cuenta azulgrana que cerró el partido. Una apertura del argentino a Montoya provocó el repliegue de la defensa del Real Zaragoza mientras Messi esperaba su momento en la frontal del área. El lateral le devolvió la bola de memoria y Leo usó su guante izquierdo para enviar el esférico a un ángulo imposible para Roberto. 17 goles en 12 partidos de Liga, más que quince equipos de Primera. Ya son 78 en 2012, a siete de la que parecía inalcanzable cifra del Torpedo Muller.

Pero además de marcar asiste. Ocurrió pocos minutos después de que el Real Zaragoza empatara el partido merced a un disparo de Montañés. De nuevo el balón parado se erigió como el talón de aquiles azulgrana a pesar de recuperar a Piqué y Puyol como pareja de centrales. Fue entonces cuando Messi controló en el área incordiado por Apoño y Movilla, atravesó a ambos con un caño, se marchó de Aranda con un cambio de ritmo y levantó la vista para regalar el gol a Song.


"Este partido lo hubiese ganado el que hubiese tenido a Messi, y lo tienen ellos", sentenció Manolo Jiménez además de destacar el buen trato de balón de los suyos. Algo que según Tito Vilanova es positivo para el juego azulgrana: "Ha sido un equipo que ha querido jugar al fútbol y para nosotros es bueno que lo quieran hacer y no se cierren detrás".

Tras visitar a Real Madrid y Barcelona, el Real Zaragoza retoma la Liga de los mortales reforzado en su sistema de juego y sin los nervios de otras temporadas. Por su parte, el Barcelona continúa ganando mientras busca la plenitud de la era Guardiola. Entretanto, Messi seguirá marcando las diferencias.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Miedos enterrados

El plan de viaje ha variado esta temporada. Años pasados, la semana previa a los enfrentamientos ante el Real Madrid o el Fútbol Club Barcelona se respiraba un aire pesado, ese olor propio de los lugares en los que ha sucedido una fatalidad. Se mascaba una tragedia: salir goleado de forma bochornosa, indigna de otros tiempos pero plausible atendiendo a las diferencias entre las plantillas de los todopoderosos y la falta de espíritu del Real Zaragoza anterior a la llegada de Manolo Jiménez.


Sacar algo positivo del Camp Nou se entiende todavía como una gran casualidad, un azar del destino, como aquella aparición del 'Ángel' Lafita cuando vivió su noche más mágica en el Santiago Bernabéu acercando una de las permanencias milagrosas. Pero la imagen de equipo vencido, frágil y endeble corresponde al pasado blanquillo. Manolo Jímenez, líder de un vestuario unido, sólido, profesional y con mucho hambre ha sabido inculcar a sus discípulos un principio intrínseco y fundamental pero a veces obviado: jugar sin miedo y para ganar.

Un ejemplo de ello fue lo ocurrido en el Santiago Bernabéu hace apenas dos jornadas. Un 4-0 mentiroso que no deja de ser una goleada pero en el que el Real Zaragoza dominó el balón, hizo volar a Iker Casillas, estrelló un balón en el travesaño y vio como le anulaban un gol legal que hubiera significado el 2-1 en el minuto 75. Una afición orgullosa despidió a su equipo desde el campo o desde el bar con el reconocimiento del deber bien hecho.

Dominar la posesión ante los azulgranas es un imposible pero el Real Zaragoza puede asustar a los de Tito Vilanova, frágiles a la espalda de los centrales y en el juego aéreo, uno de los puntos fuertes que está explotando Manolo Jiménez. Sin embargo, las bajas defensivas  se han trasladado de Barcelona a la capital del Ebro. Mientras Puyol y Piqué ya están recuperados, la retaguardia blanquilla viaja a la Ciudad Condal sin los titulares Abraham, Sapunaru y Loovens más las ausencias de Lanzaro y Obradovic y la baja de José Mari como stopper. Quizá en uno de los peores escenarios para que Paredes recupere la titularidad, Goni vuelva a jugar de central, Zuculini pruebe en el lateral o Héctor debute en Primera División. Pero también una oportunidad para demostrarle al técnico que tienen un hueco en el once.

Dar la campanada, tantos años después de aquel gol de Canario, se antoja como algo inverosímil. Pero se viaja sin miedo, con ganas de jugar. Un gran paso para un club que , hace no tanto tiempo, carecía de alma y cuya afición no se identificaba ni con el escudo.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Fútbol balsámico


14N. Huelga General en España. Pero nuestro fútbol no para tampoco en ocasiones como esta. Y se agradece. La clasificación para semifinales de la selección de fútbol sala y la goleada del combinado de Vicente del Bosque cerró una jornada que, sin querer pormenorizar en su necesidad y desarrollo, resultó desapacible e incómoda. El deporte ayuda a sobrellevar mejor el cabreo y la indignación interna.

En Panamá, el míster optó por alinear un once con varios futbolistas que no suele gozar de la titularidad en las citas oficiales: Víctor Valdés en la portería; Albiol formó pareja en el centro de la zaga junto a Javi Martínez; Juanfran ocupó el lateral diestro tras su error ante Francia y Beñat no desentonó en el centro del campo. El rival no exigió demasiado pero algunos pensarán que no importa excesivamente quién juegue mientras el balón lo monopolice Andrés Iniesta

La calidad del jugador de Fuentealbilla y el oportunismo de Pedro bastaron para doblegar a Panamá. Con un doble tuya-mía rompieron el canal de contención centroamericano y el extremo abrió el marcador. Dueño y señor del partido, Iniesta se siente cómodo en situaciones en las que la mayoría de mortales se morderían las uñas y querrían salir corriendo. Así creó el segundo, regalando a Villa un gol tras una jugada por la banda en la que rodeado de defensores encontró un pase de la muerte por la única línea posible. 


Antes del descanso, el extremo anteriormente conocido como Pedrito regaló otro de los detalles del encuentro. Futbolista eléctrico, inverosímil, con una conducción nerviosa que desborda a cualquiera cuando todos apostarían a que el regate acabará en tropiezo. Un balón al espacio de Mata dejó al canario solo frente al portero. Y Don Pedro emuló a Pelé. Engañó al portero, a Villa que ya la empujaba y a los espectadores. Todo sin tocar el balón, con un giro de cintura que sólo puede ejecutar un futbolista en estado de gracia.

La segunda parte la redondearon Sergio Ramos con un lanzamiento de falta digno de los mejores especialistas y Susaeta reivindicando esa 'cosa' denominada fútbol de posesión y llegada. Un estilo, una 'cosa', que traspasa fronteras siendo recibido haya donde acude con una mezcla de sana envidia y orgullo por poder ver a la mejor selección del mundo.

Lo mismo pensaron en Tailandia unas horas antes... porque en el pabellón también somos campeones. La selección de fútbol sala remontó a Rusia y consiguió el billete para una semifinal en la que Italia será el rival de los jugadores de Venancio López. La base la componen Fernandao como referente, los disparos de Torras, Miguelín o Lozano y la experiencia de Kike, Alemao y Juanjo, un muro en la portería que ha conseguido lo imposible: no echar de menos de Luis Amado. El objetivo de derrocar a Brasil está más cerca. Pero conseguir el tercer cetro mundial pasa primero por vencer a la selección transalpina. 

Campeones del mundo sobre el césped, luchando por serlo bajo el cobijo de un pabellón y una ÑBA que planta cara a los extraterrestres americanos. En busca de la sexta Copa Davis en apenas doce años, esta vez sin contar con el Dios de la Tierra Batida, mientras Alonso empuja el Ferrari soñando con el campeonato. Por no hablar de motociclismo, de la vela, del balonmano o el waterpolo. Al menos, el deporte reporta alegrías a muchos españoles que esbozan una sonrisa olvidando por un momento los problemas y las penurias del día a día. No borra nada, pero al menos colorea un negro panorama.

domingo, 4 de noviembre de 2012

El regreso de la ilusión perdida


La evolución de los sistemas de juego, las rotaciones, el doble pivote, los falsos delanteros o el vaivén de traspasos ya no permiten recordar de carrerilla alineaciones como antaño. Tan solo en la memoria de los fieles consiguen perdurar aquellas míticas delanteras conformadas por cinco futbolistas. Los nombres de Marcelino, Canario, Villa, Santos y Lapetra se convirtieron en un icono del fútbol de los sesenta, pero incluso los más grandes están obligados a despedirse del fútbol a causa del irremediable paso del tiempo. También ellos, también Los Magníficos. Se antojaba imposible, pero el aficionado zaragocista tardaría muy poco tiempo en recuperar la ilusión perdida. No llegaron nuevos títulos a las vitrinas, pero la gloria regresó a la capital aragonesa.


El Real Zaragoza de los ‘zaraguayos’ comenzó a gestarse tras un triste descenso a comienzos de los años setenta, con el reflejo de los ‘magníficos’ como espejo y una Romareda transformada en un público exigente que demandaba un juego intenso, vistoso y alegre. Tiempos de cambio en el fútbol y en el entorno socio político de un país que se encontraba en las postrimerías del franquismo.
No todos eran delanteros, tampoco compartían nacionalidad y tan solo se entrenaron juntos durante unos meses en la recién construida Ciudad Deportiva. Pero estos cinco hombres ayudaron a convertir su etapa en leyenda de un club ya octogenario: Blanco, Ocampos, Soto, Arrúa y Diarte devolvieron el delirio a las gradas de La Romareda. Los ‘zaraguayos’, bautizados así por un intrépido y creativo lector que envió una carta al Heraldo de Aragón, reavivaron las llamas del entusiasmo en las gradas de La Romareda.
Junto a ellos Manolo Nieves volaba de poste a poste de la portería, cuando no lo hacía el asturiano la meta se encomendaba a Irazusta, procedente del F.C. Barcelona. Un central excelso como Manolo González llegado desde Granada apuntalaba el sistema defensivo. García Castany y Javier Planas monopolizaban el balón y se convertían partido tras partido en los dueños del centro del campo junto a Saturnino Arrúa. Y José Luís Violeta. El emblema zaragocista, el “León de Torrero”, el gran capitán que vivió el resurgir y el declive de ‘magníficos’ y ‘zaraguayos’. Ochenta años de historia conlleva la obligación de recordar otras épocas, otras plantillas y futbolistas que engrandecieron una camiseta que hoy en día parece poder vestir cualquiera.
El ocaso de Los Magníficos se fructificó nada más comenzar la década de los 70 con un doloroso descenso a Segunda División tras vencer únicamente tres partidos en toda la temporada. El mismo número de victorias que de entrenadores que se sentaron en el banquillo zaragocista. Pero ni José María Martín, ni Balmanya ni un ‘hombre de la casa’ como García Traid consiguieron sacar al equipo de unos puestos de descenso que ocupó desde la cuarta jornada de Liga. Una situación insostenible que provocó que el por entonces presidente, Alfonso Usón, dejase de acudir al palco de La Romareda. Si, quizá esto les haya sonado.
Los cimientos del proyecto
En las tertulias y en la grada, pocos pensaban que la catarsis que se avecinaba en el Real Zaragoza se tradujera en éxitos a corto plazo. Más si cabe, tras una preocupante primera vuelta en el infierno de la Segunda División. Una revolución encabezada por José Ángel Zalba, el presidente más joven del fútbol profesional, quien tomó el mando del club con la aspiración de aumentar la masa social y devolver a la afición un estilo de juego intenso y ofensivo, magnífico como en la década anterior. Pero los primeros compases del proyecto no se tradujeron en resultados de forma inmediata, el ascenso a la máxima categoría se antojaba imposible ya en octubre y el presidente del Real Zaragoza estaba decidido a comenzar de nuevo dando por perdidas las opciones de regresar a Primera División.
José Ángel Zalba, Presidente de Los Zaraguayos
La historia del Real Zaragoza deberá agradecerle a Avelino Chaves no pecar de rencoroso. El destino quiso que Hernández no se hiciera con la plantilla ni encontrara esa famosa tecla que los técnicos buscan por cada rincón del vestuario. Los resultados y el mal ambiente del equipo provocaron el despido de Rosendo Hernández y la recuperación para la causa de Avelino Chaves, con la misión de comenzar a preparar el proyecto para una nueva temporada en Segunda División. Una decisión que cambió el signo de los acontecimientos que estaban por venir.Rosendo Hernández, ex secretario técnico del club, había sido el elegido por José Ángel Zalba para sentarse en el banquillo tras el descenso. Durante su etapa como ojeador y futbolista del club, Hernández compartió cargo y unos meses vestuario con Avelino Chaves, pero en esta ocasión ‘el roce no hizo el cariño’. La Junta Directiva de Zalba decidió rescindir el contrato de Chaves  por la mala situación económica del club, mientras colocaba a su gran enemigo como entrenador.
El mítico jugador del Athletic de Bilbao, Rafa Iriondo, había ascendido al Español y fue el sustituto de urgencia de Hernández. El saber del técnico vasco y los goles de Galdos y Ocampos, además de la gran amistad con el Real Oviedo, provocaron el regreso del Real Zaragoza a Primera División tras una goleada al Cádiz en La Romareda.
Pero Avelino Chaves cumplió lo acordado con el presidente. Durante la disputa de la segunda vuelta del campeonato finiquitó los detalles del próximo proyecto del Real Zaragoza. Luis Cid Pérez, paisano de Chaves, apodado “Carriega” por su parecido con un extremo gallego, fue el elegido para sentarse en el banquillo de La Romareda tras unas buenas temporadas en un Sporting de Gijón donde Quini comenzaba a marcar sus primeros goles.
“Carriega” convenció a La Romareda nada más llegar al arrancar la temporada 72/73 invicto hasta la séptima jornada. El nuevo técnico convirtió el estadio en un fortín, comenzando en febrero una racha que se alargaría hasta los 33 meses sin conocer la derrota como local. El equipo acabó octavo en su regreso a Primera y Zalba le ofreció la renovación a “Carriega”. “Me han hablado de formar un gran equipo y he aceptado encantado”, aseguró el entrenador gallego según escriben Pedro Luis Ferrer y Javier Lafuente.
El repóker se completa
Aquel verano del 73, mientras Carrero Blanco era nombrado Presidente del Gobierno, Perón regresaba a Argentina y los golpes de estado se sucedían en Sudamérica, Avelino Chaves cruzó el Atlántico para cerrar el fichaje del mejor 10 que ha vestido la camiseta del Real Zaragoza. Saturnino Arrúa declinó un principio de acuerdo con el Atlético de Madrid, fingió una lesión para abandonar la concentración con la selección guaraní y estampó su firma en el contrato que le uniría con la ciudad del Ebro durante los próximos seis años. Además de Arrúa, la defensa se apuntaló con el expeditivo lateral uruguayo Juan Carlos “Cacho” Blanco, ganador de dos Copa Libertadores y otros dos entorchados de la extinta Copa Intercontinental con Nacional. Y había un tercer compañero de viaje. El extremo argentino de Las Palmas, aunque nacionalizado paraguayo, Adolfo Soto completaba la terna de extranjeros llegados aquel verano.
“Teníamos un gran equipo”, recordaba “Cacho” Blanco a El Periódico de Aragón. Unos futbolistas a los que idolatraban niños y jóvenes de entonces. “Cuando era adolescente me encantaba el Real Zaragoza de los ‘zaraguayos’. Probablemente empecé a engancharme con Arrúa y Diarte”, recuerda el escritor Miguel Mena. Luis Alegre, reconocido sufridor zaragocista no olvida la primera vez que pudo disfrutar en directo de un partido del equipo de su vida: “fue en Mestalla, allí pude ver jugar al fantástico equipo de los ‘zaraguayos’, empatamos a cero”, rememoraba.
Felipe Ocampos, el primer zaraguayo, intenta rematar un balón
Precisamente su carácter, unido a la falta de movilidad que le achacaba “Carriega”, provocó su marcha del Real Zaragoza. Pero otro factor ayudaba a una despedida anunciada desde principios de temporada. Avelino Chaves, uno de los más eficientes cazatalentos de la historia blanquilla, ya había alcanzado un acuerdo con el nuevo killer del Real Zaragoza mientras cerraba el fichaje de Arrúa en la capital paraguaya.Pero el primero en llegar a la capital aragonesa había sido Felipe Ocampos, o más bien, él ya estaba. Un delantero centro clásico, rematador, corpulento. Jugar de central y que el entrenador te encargara el marcaje de Ocampos estaba predefinido como una profesión de riesgo. Tampoco los árbitros enfatizaban con “Cara Rota”, como se apodaba al 9 guaraní, e incluso el público de La Romareda tuvo que intentar tranquilizar más de una vez al delantero cuando se avecinaba la enésima trifulca con el central del turno, ya avisado de que la mejor forma de pararlo era sacándole del partido cuando el balón rodaba por el campo contrario. “Nunca se había visto antes, ni se ha visto después, que todo el estadio, unánimemente, chistara a un jugador para tranquilizarle y evitar que se metiera en más peleas. Eso ocurría con Ocampos en nuestro campo un domingo sí y otro también”, narra el que fuera Consejero del Real Zaragoza años más tarde José Luis Melero en Los años magníficos.“La garra del jugador paraguayo es lo más importante, algo que yo trate de demostrar en el Real Zaragoza, donde me entregué de corazón”, comentaba Felipe Ocampos hace unos años a El Periódico de Aragón. Los testigos presenciales afirman con rotundidad que así lo hizo sobre el césped.
El 'Lobo' Diarte en busca del gol
Un delantero moderno, muy distinto al gladiador Ocampos pero que derrochaba la misma entrega sobre el césped. Galopaba con la melena al viento y una zancada veloz, inalcanzable para los centrales de la época, poseía un gran disparo con ambas piernas, un óptimo regateador y buen cabeceador. El Lobo Diarte, un artista en el sentido más literal de la palabra, sus goles lo atestiguan pero también sus poesías basadas en la influencia que le supuso las lecturas de la Generación del 27. E incluso llegó a actuar como cantante en una gala de Televisión Española. A todas luces, un futbolista singular. “Avelino Chaves me vio jugar en la selección y me eligió como sucesor de Felipe Ocampos; anteriormente vino Arrúa. También estaban Soto y Blanco. Sufrí el frío del Moncayo y la dureza de los entrenamientos. Pero pude salir adelante. Cobraba 35.000 pesetas al mes y una ficha de 750.000, que ya era dinero. Luis Cid Carriega, el entrenador, me ayudó mucho”, explicaba el Lobo a El País una de sus últimas entrevistas. José Luis Melero quedó desde el principio prendado del delantero paraguayo: “Desde que le vimos jugar su primer partido y meter su primer gol en La Romareda -al Granada, en el año 74- supimos que el Zaragoza, con él de nueve, siempre sería un equipo grande”
.
El quinteto se había completado, el vestuario zaragocista presentaba una amalgama de acentos de castellano propia de una colección: el oriundo de la tierra, asturiano, vasco, andaluz, argentino, paraguayo… Pero todos compartían una pasión innata por el fútbol y el compromiso con un escudo. La Romareda continuaba erigida como un fortín, ningún rival se atrevió a vencer a un equipo intratable como local, aunque más dócil fuera de su estadio como parece ser tradición en la mayoría de equipos de la ciudad. El Real Zaragoza finalizó tercero el campeonato tras doctorarse entre los grandes al golear al Atlético de Madrid, vigente campeón de Liga, por 4-0 con goles de Arrúa, Soto, Diarte y Planas. “Los aragoneses barrieron de forma escandalosa al actual campeón”, así comenzaba su crónica El Mundo Deportivo de una victoria “corta en la que mereció más goles con un fútbol incisivo y rápido”.
El Real Zaragoza volvía a Europa por la puerta grande. Parecía difícil superar los resultados de la temporada 73/74, pero los ‘zaraguayos’ lo lograron tras conquistar el subcampeonato de Liga venciendo en La Romareda al F.C. Barcelona de Johan Cruyff con tantos de Arrúa y Diarte en la penúltima jornada. En Europa, los de “Carriega” solo doblaron la rodilla ante el majestuoso Borussia Moenchengladbach de Vogts, Stielike, Simonsen o Heynckes. Pero un partido marcó la temporada y pasó a los anales de la historia zaragocista como uno de los mejores encuentros que ha contemplado la parroquia blanquilla. Miércoles, 30 de abril de 1975, el resultado ante el Real Madrid, a la postre campeón liguero, no hace necesarias más alabanzas. Un 6-1 que se repetiría tres décadas después en otra noche mágica. Aquella derrota dio lugar a la célebre frase de Miljanic: “Más vale perder un partido por seis goles que seis partidos por un gol”. Para La Romareda no. Aquella victoria que pudo ver todo el país a través de Televisión Española significó más que vencer seis partidos. Había regresado la ilusión perdida.
Saturnino Arrúa, elegido mejor extranjero de aquella temporada por delante de El Flaco vibró con ambas goleadas: “Muchos periodistas paraguayos y argentinos recuperaron nuestro antecedente y me hicieron infinidad de entrevistas. Disfrute mucho”, aseguraba el 10 a Javier Hernández en el Diario As. El propio Arrúa marcó, también Diarte y Simarro, mientras que García Castany, quien no se llevó el balón a casa porque aún no era costumbre, anotó un hat trick. “Pablito era un mediocampista con una clase excepcional. Cuando él, Nino y el Lobo se ponían a jugar era un equipo imparable, espectacular, una maravilla”, comentaba “Cacho” Blanco.
El círculo vicioso
Todo empeoró desde entonces, en parte ya lo había hecho la temporada del subcampeonato liguero, tras agudizarse cierta división en el vestuario a causa de las reivindicaciones económicas de los ‘zaraguayos’, quienes incluso amenazaron con plantarse antes de un partido ante Las Palmas. José Ángel Zalba decidió aceptar sus demandas y provocó el enfado del clan nacional de la plantilla. El gran perjudicado de la situación acabaría siendo un vestuario enrarecido. Las lesiones de Javier Planas, Arrúa, Violeta y Blanco, más las largas sanciones de Diarte o el central portugués Bastos y una plantilla poco compensada se tradujeron en un mediocre campeonato en el que el Real Zaragoza finalizó en decimocuarta posición, La Romareda perdió su condición de fortín y la afición acabó cansada de los coqueteos de Diarte con el Valencia y de los desplantes de Arrúa. “Era polémico. Dentro del campo era fenomenal y todos lo queríamos, pero fuera era muy especial, tenía códigos diferentes. Fue un buen amigo, aunque siempre polémico. Su carácter era muy parecido al de Mourinho, con esa personalidad polémica y un ego muy fuerte”, señala “Cacho” Blanco.
Sin embargo, el año futbolístico brindó al Real Zaragoza una oportunidad para redimirse de su mediocre temporada con la disputa de la final de la Copa del Rey, la primera que entregó el monarca tras la muerte de Francisco Franco. Un tanto de cabeza del primer caballero de los campos españoles, José Eulogio Gárate, dio el título al Atlético de Madrid en una final recordada por la ausencia del “León de Torrero” José Luis Violeta y por el arbitraje de Segrelles del Pilar, quien se despidió aquel día como colegiado. Este fue el último partido de “Carriega” como entrenador y de Diarte como delantero centro del conjunto aragonés. El equipo se descomponía tan rápido como se había gestado.
Gárate anota el único tanto de la final de la Copa del Rey de 1976
El francés Lucien Muller, ex futbolista de Barcelona y Real Madrid, se hizo cargo del vestuario y el portugués nacido en Angola, Jordao, ocupó el puesto del Lobo en la punta de ataque procedente del Benfica. El vestuario se convirtió en un polvorín que ni Muller ni José Ángel Zalba supieron sofocar. A Saturnino Arrúa le afectó el enfado de la afición la anterior temporada, seguramente también la marcha a Valencia de la que era su alma gemela sobre el campo mientras Jordao intentaba quitarle la vitola de estrella. “Hubo muchos problemas. Cuando llegó Jordao, se creó una rivalidad entre ellos que nunca se pudo superar y dividió a la plantilla. Eso nos llevó a Segunda. Era un conflicto de egos. Jordao llegó con la aureola de ser el número uno de su país y creo que en esa época empezó un poco el tema de ser moreno. Por ahí hubo cosas que le molestaron. Nino tenía, además, mucha fuerza con la afición, era muy carismático. Ese enfrentamiento nunca se pudo amalgamar y nos fuimos a Segunda”, asegura el “Cacho” Blanco adelantando el cierre del círculo vicioso.
Una imagen resume el regreso al infierno. Un penalti ante el Salamanca, el segundo del partido, el primero marcado por Jordao con permiso del especialista García Castany. La pantera angoleña deseosa de gol forzó una segunda pena máxima, mientras elegía el lado al que disparar Nino Arrúa le arrebató el balón provocando una bronca a la vista de todos los aficionados. Como no podía ser de otra manera, uno de los mejores lanzadores de penaltis de la historia del Real Zaragoza, lo falló esta vez. Muller le apartó tres semanas mientras el vestuario se decantaba por apoyar al 10 guaraní. Meses más tarde, un autogol en la última jornada de Rezza, defensor del Salamanca, mandó al Real Zaragoza a Segunda División. José Ángel Zalba presentó su dimisión tras regresar al lugar donde la historia había comenzado seis temporadas atrás. Antes de dejar vacío el sillón presidencial para centrarse en los preparativos del Mundial de 1982, Zalba firmó a Arsenio Iglesias para el banquillo y a “Pichi” Alonso para la delantera.
El equipo ascendería de nuevo a la primera, aún con Saturnino Arrúa, el mejor 10 de la historia del Real Zaragoza que aprendió a perdonar y olvidar ocasionales silbidos del respetable. La afición disculpó sus errores, volvió a celebrar sus goles aunque la vitalidad con la que Arrúa corría hacia el corner con los brazos en alto no era la misma. Ocampos ya no luchaba con centrales y árbitros en las áreas. El “Cacho” Blanco se quedó una temporada más pero tras el ascenso regresó a Nacional de Montevideo. Adolfo Soto apuraba en Cádiz su trayectoria en el fútbol español. Y la melena del Lobo Diarte se movía a merced del viento de Levante que soplaba en el Luis Casanova. El 10 fue el último en marcharse, añorando su mejor condición física, a sus compatriotas, aquel subcampeonato o el set al Real Madrid. Pero a Saturnino Arrúa le queda un deseo por cumplir, quiere cerrar por completo la curvatura del círculo: “Tengo un hijo de 18 años que juega de volante y tiene muchísima proyección. Quiero que pueda hacer una prueba con el Zaragoza en enero y que así pueda desarrollar su carrera en el equipo de mi vida”.
El regreso de la ilusión perdida   fotografía
Reportaje: Beto Abán | @Beto_Aban Publicado en Blanquillos.org