Manolo Jiménez había intentado poner mesura pero el zaragocismo ansía motivos y aspectos con los que ilusionarse tras tantos años de sufrimiento. El buen juego del equipo en el último mes, incluyendo las derrotas en Madrid y Barcelona pero especialmente tras vencer a Sevilla y remontar ante el Deportivo de La Coruña, habían inducido a que la afición levitara, por más que la conciencia alzase la voz proclamando mantener los pies en el suelo. Pero no fue la conciencia, sino Iago Aspas quien devolvió a La Romareda ese sentir amargo que inundó el Estadio Municipal en el pasado.
Una victoria distanciaba el descenso a siete puntos y hubiera permitido al Real Zaragoza inclinar aún más el cuello intentando alcanzar con la vista las posiciones europeas. Pero ese no es el objetivo, el reto como aseguró Jiménez es "no sufrir en el mes de mayo". Y a poder ser tampoco en el de abril.
Para conseguirlo, el Real Zaragoza ya posee un guión, un libro de ruta que ante el Celta funcionó durante 75 minutos. Un plan que pasa por monopolizar el balón y aminorar el riesgo de pérdidas asegurando la posesión. Personalmente, celebro que el míster haya elegido el balón como protagonista principal, una idea no vista en La Romareda desde Víctor Fernández. Y se llevo a cabo a la perfección en la primera mitad salvo dos errores que dieron lugar a sendos contragolpes gallegos, ambos clarísimos, que ni Iago Aspas ni Bermejo pudieron finalizar en remate. Sin embargo, estos sustos atenazaron a Abraham y Sapunaru, más pendientes de ayudar a los centrales que en abrir y alargar el campo en la primera mitad, transformando el ataque zaragocista en un embudo que sólo el desborde y el descaro de Víctor y Montañés pudieron evitar en alguna ocasión. Ambos futbolistas se erigieron en los más activos del ataque blanquillo y evidenciaron una evolución constante en su repertorio. Dos futbolistas en ebullición.
Pero el gol no llegó. Tampoco Jiménez consiguió el efecto deseado con el cambio de Aranda por Edu Oriol, a quien aún le falta esa chispa con la que cerró la pasada temporada, dejando al equipo sin un enlace por el centro ya que Víctor se trasladó a la banda derecha que ocupaba el de Cambrils. Cada minuto que se comía el reloj, las líneas del Real Zaragoza se distanciaban más unas de las otras y los apoyos aparecían cada vez menos.
El Celta se arropó durante 3/4 de partido esperando su momento, el instante en el que el rival se parte por el centro, en este caso, Movilla y Apoño. Pocos equipos de Primera División lucen un centro del campo -doble pivote o trivote- tan orientado al juego de ataque como el Real Zaragoza. Pero en esto del fútbol: no hay bien que por mal no venga. Movilla y Apoño se vieron obligados a recorrer varias veces más de 60 metros en las contras viguesas. Un desgaste que sumado a los constantes apoyos que ofrecieron a sus compañeros durante 75 minutos minaron la sala de máquinas del Real Zaragoza. Entonces llegó el momento del Celta: subida de Roberto Lago, Sapunaru y Loovens fuera de zona y Movilla no consigue abarcar una banda derecha desguarnecida. Ahí estaba Iago Aspas, un incordio constante, eléctrico y con una zurda exquisita. Si el Celta salva la categoría, él tendrá gran parte de culpa.
No pudo ser y el Real Zaragoza sufrió su cuarta derrota en La Romareda, todas ellas 0-1, alguna más inmerecida que otra pero que evidencian la importancia de abrir la lata para evitar que la ansiedad de te lleve a "perder en diez minutos lo que no has sabido ganar en 80", como aseguró Manolo Jiménez, quien también quiso ganar descuidando la sala de máquinas aragonesa manteniendo en el banquillo a Zuculini o Romaric. Aunque el ancla de Jiménez estaba en la grada, José Mari, a quien míster y compañeros añoran sobre el césped. Pero este es el camino a seguir, el diseñado por el entrenador para evitar los infartos al final de la presente temporada. Vuelta a la realidad y tiempo para pulir los errores en la Ciudad Deportiva.
Este varapalo a la euforia aconseja buscar la victoria en Mallorca y Vallecas, dos partidos consecutivos fuera de casa que podrían encender las alarmas. Pero antes toca soñar con la Copa del Rey, en esta competición si está permitido, olvidando los dos días más de descanso que tiene el Granada para hacer bueno el gol de Aranda en el partido de ida. No lo puedo evitar, la Copa si desata mi euforia.
Imágenes: Heraldo de Aragón y El Confidencial
Sin duda el partido fue raro. El Celta, sin un peligro aparente, terminó ganando a un Zaragoza que creó mucho y disparó poco. Jiménez demostró que le faltan alternativas en el banquillo, ya que su único recurso fue Aranda. Lo intentó, pero fue insuficiente. El verdadero problema estaba en el centro del campo. Con todo y con eso, el equipo sigue firmando un gran inicio. Necesita ser paciente.
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