viernes, 16 de noviembre de 2012

Miedos enterrados

El plan de viaje ha variado esta temporada. Años pasados, la semana previa a los enfrentamientos ante el Real Madrid o el Fútbol Club Barcelona se respiraba un aire pesado, ese olor propio de los lugares en los que ha sucedido una fatalidad. Se mascaba una tragedia: salir goleado de forma bochornosa, indigna de otros tiempos pero plausible atendiendo a las diferencias entre las plantillas de los todopoderosos y la falta de espíritu del Real Zaragoza anterior a la llegada de Manolo Jiménez.


Sacar algo positivo del Camp Nou se entiende todavía como una gran casualidad, un azar del destino, como aquella aparición del 'Ángel' Lafita cuando vivió su noche más mágica en el Santiago Bernabéu acercando una de las permanencias milagrosas. Pero la imagen de equipo vencido, frágil y endeble corresponde al pasado blanquillo. Manolo Jímenez, líder de un vestuario unido, sólido, profesional y con mucho hambre ha sabido inculcar a sus discípulos un principio intrínseco y fundamental pero a veces obviado: jugar sin miedo y para ganar.

Un ejemplo de ello fue lo ocurrido en el Santiago Bernabéu hace apenas dos jornadas. Un 4-0 mentiroso que no deja de ser una goleada pero en el que el Real Zaragoza dominó el balón, hizo volar a Iker Casillas, estrelló un balón en el travesaño y vio como le anulaban un gol legal que hubiera significado el 2-1 en el minuto 75. Una afición orgullosa despidió a su equipo desde el campo o desde el bar con el reconocimiento del deber bien hecho.

Dominar la posesión ante los azulgranas es un imposible pero el Real Zaragoza puede asustar a los de Tito Vilanova, frágiles a la espalda de los centrales y en el juego aéreo, uno de los puntos fuertes que está explotando Manolo Jiménez. Sin embargo, las bajas defensivas  se han trasladado de Barcelona a la capital del Ebro. Mientras Puyol y Piqué ya están recuperados, la retaguardia blanquilla viaja a la Ciudad Condal sin los titulares Abraham, Sapunaru y Loovens más las ausencias de Lanzaro y Obradovic y la baja de José Mari como stopper. Quizá en uno de los peores escenarios para que Paredes recupere la titularidad, Goni vuelva a jugar de central, Zuculini pruebe en el lateral o Héctor debute en Primera División. Pero también una oportunidad para demostrarle al técnico que tienen un hueco en el once.

Dar la campanada, tantos años después de aquel gol de Canario, se antoja como algo inverosímil. Pero se viaja sin miedo, con ganas de jugar. Un gran paso para un club que , hace no tanto tiempo, carecía de alma y cuya afición no se identificaba ni con el escudo.

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