Ya ha pasado lo peor. En quince días, el Real Zaragoza ha visitado las dos plazas más temidas de Primera División: Elm Street y la Calle Fleet, asocien a su gusto cuál es el coliseo blanco y el azulgrana. Partidos que en anteriores temporadas se asemejaron a largometrajes terroríficos, incluso podían llegar a sembrar más pánico en la tribuna del propio estadio que en una sala de cine, como aquel aciago debut de la semi plantilla de Javier Aguirre en La Romareda. Un 0-6 con Roberto como héroe tras ser fusilado en más de treinta ocasiones. O la temporada 2009/2010 cuando entre Marcelino, José Aurelio Gay y los jugadores consiguieron el parcial maltés de 12-1 en contra sumando ambas visitas. Hat trick de Seydou Keyta incluido en Barcelona y doblete de Van der Vaart en Madrid.
Pero con Manolo Jiménez tales ridículos no se permiten desde aquel rugido en La Rosaleda el pasado mes de febrero. Desde aquel acicate, el zaragocismo dejó de sentir vergüenza. Ni siquiera en los peores escenarios posibles, antaño terroríficos, hoy utilizados como campo de pruebas y de crecimiento personal. Porque admitámoslo, más allá del buen fútbol que el conjunto blanquillo desplegó en ambos partidos, puntuar es una hazaña destinada a los dichosos y bienaventurados, como la noche en que Ángel Lafita fue tocado por una varita en el mejor partido de su carrera deportiva.
Por más que sean previsibles, las derrotas duelen aunque escuezan menos a lo largo de la semana cuando no han sido tan profundas. Las distancias son tan grandes que el técnico de El Arahal se centró en el partido del próximo fin de semana -en realidad del lunes; maldito mono- ante el Celta mientras se enfrentaba al Deportivo de la Coruña. Con Barcelona de por medio. Quizá criticable, pero sobre todo comprensible. Sapunaru forzó la tarjeta y Abraham no la forzó premeditadamente porque la vio antes sin querer evitarlo. Además, Loovens tuvo un golpecito en la rodilla que no se esmeró en curar y Postiga dejó su sitio en punta a Aranda. Todo vale para estar al 150% ante el Celta, incluso jugar con el 50% del equipo titular en el Camp Nou. Y el PlanB no desentonó, ni mucho menos. Lástima que el Plan AntiMessi aún no haya sido inventado.
Manolo Jiménez ha conseguido en diez meses darle la vuelta a un club destrozado que no sólo no ha salido indemne de las visitas más complicadas, si derrotado, pero también reforzado en un sistema de juego. Toca demostrarlo ante los rivales de la Liga de los Mortales. El calendario hasta el parón invernal (Celta, Mallorca, Rayo Vallecano, Levante, Athletic y la vuelta de la Copa en Granada) determinará los objetivos finales a los que puede aspirar. Pero con los pies en el suelo. Lo primordial es no tener miedo en mayo.
Pese a irse de vacío en ambas plazas, la imagen ha sido muy diferente a la de años anteriores. El resultado del Bernabéu fue muy engañoso y si a Postiga le conceden el 2-1 otro gallo hubiera cantado. Contra el Barcelona... Messi es Messi. Y punto.
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