Por unos pocos metros de distancia podría ser eslovaco y en lugar de unas botas de fútbol habría reclamado un stick y unos patines para deslizarse por el hielo. Pero Balassagyarmat, además de impronunciable, aún es Hungría. Allí nació Ádám Pintér y el legado de Ferenc Puskás todavía es lo suficientemente significativo como para que los niños magiares sueñen con un balón. Pintér comenzó a soñar desde el 12 de junio de 1988, mientras Holanda sucumbía en su encuentro inaugural de la Eurocopa de Alemania frente a la URSS. La revancha de Marco Van Basten, suplente aquel partido, se serviría unos días más tarde mediante la volea mejor ejecutada hasta la fecha.
El espigado Ádám se formó en el MTK Budapest, club que posee un vínculo con el Liverpool. Pero el barco de Pintér no zarpó desde el Danubio y amarró en Anfield Road. Tras conquistar una Liga y la consecuente Supercopa húngara, el magiar fue uno de esos fichajes rocambolescos de Antonio Prieto y Agapito Iglesias por un valor de 1,2 millones de euros, los cuales como era norma general en este club, no se llegaron a pagar. Una cifra alta para un futbolista que llegó con tan sólo 22 años para vivir por primera vez fuera de su país natal. Y otro inconveniente: ¿central o stopper? Su preferencia queda clara en su presentación pero las necesidades del equipo condicionaron su rendimiento.
Tras dos temporadas sin continuidad se barruntaba una salida. Pero bien por el contagio del empecinamiento aragonés o ante la falta de opciones satisfactorias para él, la más plausible llegaba desde Israel, Pintér se negó a ser traspasado durante el pasado mercado de fichajes. Creyó en sí mismo, Manolo Jiménez le dio la alternativa en el Camp Nou y la confirmación ha llegado en Vallecas.
Frente al Rayo Vallecano, Pintér se vengó de los incrédulos que jamás nos habíamos subido a su barco. Un navío que navegaba a la deriva pero que por fin ha encontrado su puerto propicio: el centro de la defensa. Inconmensurable en el juego aéreo, bien rodeado por Sapunaru y Álvaro (dos fichajes excelsos), rápido al corte y con la garantía de una salida de balón limpia. Un partido de diez en el que opositó para mantener la titularidad. Un hueco para Pintér en el once inicial. Y para mi en el barco.
Vídeo: AragonSport
Yo siempre he confiado en el bueno de Pinter
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