lunes, 2 de diciembre de 2013

Cortinas de humo

Segunda victoria consecutiva. Seis puntos de seis posibles. Dos partidos seguidos sin encajar un gol y a una victoria de alcanzar los puestos de playoff de ascenso. Datos que en cualquier otra circunstancia podrían llegar a ilusionar y motivar a una afición deseosa de aferrarse a un clavo ardiendo que le haga creer que regresar a Primera División es posible. Un objetivo vital para esquivar al fantasma de la liquidación.

Paco Herrera creyó que el balón podría pacificar el ambiente, pero ni siquiera estas dos victorias contribuyen a suavizarlo. Un gol casual de Álvaro ante el Girona y los errores en ataque de la UD Las Palmas sirven al Real Zaragoza para ganar tiempo antes de que durante las fiestas navideñas se lleve a cabo la enésima revolución invernal. Con un entrenador ajusticiado y rumores de posibles despidos entre la plantilla, mucho tienen que cambiar las cosas para que no se produzca de nuevo. Desviar la atención con fuegos de artificio es el ejercicio favorito en el Real Zaragoza del último lustro.

Un club descabezado cuyo propietario continúa agazapado en la sombra mientras sus escudos repelen los ataques con cortinas de humo, necesariamente cada vez más denso, que le proporcionen tiempo para hacer y deshacer a su antojo. Echar al  entrenador de turno, fichar siete futbolistas en invierno, despedir a cinco, contratar un presidente o delegar sus poderes en un Manager General. Todo vale con tal de que los focos no apunten directamente a Agapito Iglesias.

Pero la forma más efectiva es dividir a la afición, algo que el constructor soriano sí lo ha conseguido. Se le pidió durante años que animara al equipo para no descender evitando caer en protestas que desconcentraran a los futbolistas, ahora se le reclama paciencia y apoyo para devolver a la máxima categoría y no presionar así a los jugadores. Rozando el esperpento, incluso se le animó a abonarse para así poder fichar un delantero en los últimos días de agosto. Lo más triste en el fondo de este agujero negro es el papel en el que se ve inmerso el zaragocismo, entre el hartazgo y el cansancio, en la encrucijada de qué hacer para cambiar las cosas. 

Pienso en aquella frase entre lágrimas de Alberto Zapater, “el Real Zaragoza será lo que su afición quiera que sea”, y a pesar de la buena voluntad del ejeano al pronunciarla no creo que sirva en estos tiempos. Es una gran cortina de humo, una persiana en llamas. Es a otros a quienes corresponde luchar por ascender y a otros sacar al actual máximo accionista de la entidad. Hasta entonces, el Real Zaragoza seguirá vagando por un desierto que parece no tener fin.

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