martes, 10 de septiembre de 2013

La sonrisa de la Mona Lisa

Durante el verano ya parecía un lema poco acertado, pero tras los últimos acontecimientos y después de cuatro partidos disputados, se corrobora que el “Volver a sonreír"  puede concurrir, con serias opciones de ganar, en el certamen de peores eslóganes de la historia del fútbol. Una plantilla compuesta por retales sólo ha sido capaz de marcar un gol en 360 minutos, sumar dos míseros puntos en cuatro jornadas de Liga, perder ante un filial y caer en La Romareda ante el Lugo. Así las cosas, el Real Zaragoza está a estas alturas de la película en puestos de descenso a Segunda División B.


Nadie quiere saber nada de la Copa del Rey, competición fetiche del zaragocismo que técnicos y dirigentes han hecho ver como un estorbo en los últimos años. Este año más que nunca, en una Liga con 42 partidos, más unos posibles playoff, y tras un inicio horrible que llevó a Paco Herrera a sacar a relucir el ejemplo del Racing de Santander. Un club histórico sumido en un caos institucional -allí la clase política también metió la mano- convertido en cenizas y que sobrevive a duras penas en la categoría de bronce del fútbol español. La única diferencia es que el máximo accionista de los cántabros, Ali Syed, está en paradero desconocido y buscado por la INTERPOL. Agapito Iglesias también está desaparecido en combate mientras su enésimo escudo le sirve de parapeto, manejando los hilos desde la sombra y sin comparecer públicamente desde la Junta de Accionistas de diciembre de 2012. Sin embargo, de momento ningún organismo judicial está en su busca.

Mientras tanto, Paco Herrera ya se ha dado cuenta del lío en el que se ha metido. Se lo vaticiné a principios de julio, pero el entrenador no se imaginaba que la situación del enfermo era tan crítica. Sin embargo, a pesar de las promesas incumplidas y las medias verdades, el técnico está empeñado en curar al paciente. A su llegada, se mostró esperanzado en que el balón pacificara el ambiente, pero nada más lejos de la realidad. Cada partido, cada pase fallado, cada error defensivo es una puñalada más a un león indefenso. El zaragocismo vive entre la vergüenza y la resignación mientras contempla la etapa más dura en la historia de este club octogenario.


El partido del pasado domingo se resume en las caras de los pocos aficionados que acudieron a La Romareda, alrededor de 10.000, una muestra más de la apatía y la división existente entre el club y la afición. En esas expresiones y en el gol marrado por Cidoncha sin portero. Un fallo clamoroso más que guardar en el pen drive de las jugadas y situaciones esperpénticas de los últimos años. Junto al tobillazo de Cidoncha está la presentación con piscinazo de Marco Pérez y su posterior despeje en el debut ante el Deportivo de La Coruña, los regates de Pablo Barrera, las rupturas de fuera de juego y asistencias de Efraín Juárez, los calambres de David Mateos en cada minuto 75, el saludo de Guirane Ndaw aIniesta en mitad de un partido en el Camp Nou, Sinama Pongolle mandando callar a la afición, Apoño y sus cosas de familia, el transfer de Juan Carlos y un sinfín más de archivos que podrían llenar un disco duro y que provocan que se te escape una leve sonrisa.

Es la sonrisa de la Mona Lisa, aquella que pintó Leonardo de Vinci y que sólo ves cuando la vista no se fija en el centro del cuadro, desapareciendo si la miras directamente. Esa es la única forma que tiene el zaragocismo de sonreír, obviando lo cerca que está el enfermo de ser enterrado y lo preocupante de la situación, deteniéndose en escenas cómicas que han adornado la etapa más negra del Real Zaragoza.


Dicen que Napoleón tuvo colgada en su baño la obra de Da Vinci. El propietario soriano va más allá. Llevó al mismo sitio su obra de arte para colgarla y admirarla cada mañana, pero se le fue de las manos, cayó al retrete y se dispone a tirar de la cisterna. Si se le permite, desaparece. 

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