La suerte está de cara. No hay otra forma de explicar los motivos por los que el Real Zaragoza ha acumulado tres triunfos consecutivos. No existen argumentos futbolísticos porque este equipo no transmite absolutamente nada positivo y sobrevive en los partidos gracias a los errores del rival, a paradas esporádicas de Leo Franco y a goles caídos del cielo.
Paco Herrera llegó a Zaragoza con la idea de dar protagonismo al balón, pero los reveses sufridos por el camino y la amenaza del cese le han obligado a romper su manual de estilo. La falta de calidad de la plantilla y su debilidad defensiva le han forzado a virar el rumbo por completo. Ahora el equipo sobrevive agazapado a la espera del ataque rival, defendiendo por acumulación y con un trivote incapaz de enlazar con los delanteros. El Real Zaragoza juega a la ruleta rusa con la esperanza de no dispararse en la sien. Ya lleva tres turnos en los que le ha sonreído la suerte, pero la bala espera en el cargador.
Lo importante es ganar, no hay nada más cierto que eso, pero también lo es que jugando de esta forma se está más cerca de la derrota que de la victoria. El conjunto blanquillo no ha merecido el triunfo en ninguno de estos tres encuentros. Los ha conseguido gracias a deméritos del rival y no por méritos propios.
Sobre el césped se refleja en lo que se ha convertido el equipo desde que es dirigido por Agapito Iglesias. Un club inmerso en el clandestino juego de apretar una y otra vez el gatillo mientras la afición se divide cada día más entre la protesta y la resignación. Mucho ha de cambiar el Real Zaragoza, tanto en el vestuario como en los despachos. Si eso no ocurre, la ruleta rusa acabará haciéndole pagar las consecuencias.
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