Jiménez
ya ha buscado en innumerables ocasiones una reacción sirviéndose de los
periodistas. El punto de mira varía porque golpes hay para todos. Por ejemplo,
los que apuntan a la directiva cada vez que se abre el mercado y no llegan los
refuerzos deseados por el entrenador. El colectivo arbitral es otro de sus
objetivos, en ocasiones los propios medios de comunicación e incluso ha buscado
pinchar alguna vez la afición.
Pero
sus receptores más habituales son sus propios jugadores. Bien dirigiéndose a
toda la plantilla, como en Málaga la pasada temporada o hace unas semanas en
Getafe, o toques de atención que buscan la reacción de un futbolista en
concreto. Estas últimas semanas las bofetadas han sido para Rubén Rochina. “Tiene muy buenos fundamentos pero otros
han trabajado mejor en los entrenamientos. Tuvo molestias pero quiero dejar
claro que la decisión fue técnica”, afirmó Jiménez cuando se le preguntó
por la ausencia del delantero en la convocatoria. “Hay que exigirle más. No se puede ceñir a dos disparos a puerta”,
le lanzó el entrenador tras el partido en el Sánchez Pizjuán.
Dardos
sin veneno que buscan hacer diana en el orgullo del futbolista valenciano.
Desde su llegada ha demostrado que tiene un hueco en el once de este Real
Zaragoza pero no ha acabado de convencer al entrenador. Edu Oriol, titular ante
el Real Madrid, desaprovechó su enésima oportunidad. Apenas aportó en ataque,
poco en defensa y en una posición que se adecua perfectamente a las
características de Rochina. El míster sabe a quién darle estos toques de
atención y de una forma similar ya ha conseguido estimular a Abraham, Álvaro,
Víctor o Paco Montañés. Riazor es el lugar ideal y el momento perfecto para el
despertar de Rubén Rochina. Todo depende de cómo reciba las bofetadas de
Jiménez.
Artículo publicado en AragonSport el
Foto: Mundo Deportivo


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