jueves, 4 de abril de 2013

El Niño de La Palmilla


Puede presumir de tener un nombre más propio de un torero y además actúa como tal. Antonio Galdeano Benitez, conocido como Apoño una vez se ha calzado las botas, es el referente del Real Zaragoza. Pase a pase, muletazo a muletazo, dirige el esférico de lado a lado de la plaza. Algunos le acusan de torear de cara a la galería, de tomar pocos riesgos o adornarse demasiado. Lo cierto es que sin él las ideas escasean y el equipo se resiente. Fruto de la casualidad o no, el conjunto blanquillo no ha marcado ni un solo gol esta Liga si Apoño no estaba sobre el campo.

Futbolista visceral, inquieto, en ocasiones sobreexcitado por esa adrenalina que le produce el fútbol, llegó a la capital aragonesa tras varios enfrentamientos con Manuel Pellegrini en Málaga. A Apoño, capitán de aquel equipo, su boca le obligó a salir de un plantel que hoy sueña con las semifinales de Champions League. Este torero nacido en el barrio malagueño de La Palmilla no desentonaría junto a Isco, Joaquín y Toulalan. Sin embargo, acabó en Zaragoza y junto a un entrenador que comparte su mismo carácter.


Sin embargo, el futbolista andaluz hiela su sangre caliente en los momentos críticos. No se achanta. De hecho es uno de los lanzadores de penaltis más infalibles del campeonato (9 de 9 desde su llegada al Real Zaragoza) y que yo haya visto. Los toreros no pueden vivir con la presión de ser cogidos en cualquier arrime y, por supuesto, tampoco Apoño: “Yo me río de la presión. Cuando la gente me pita, a mí me hace gracia. Vengo de donde vengo, soy de donde soy;  la presión para quien quiera tenerla”, ha declarado en la rueda de prensa previa al crucial encuentro ante el Deportivo de la Coruña. El Real Zaragoza le necesita y no se va a esconder. En una corrida grande deben aparecer los diestros de verdad. Y Apoño tiene el nombre y la sangre de un torero.


Fotografía: Marca.com / Blanquillos.com

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