El Real Zaragoza visita este viernes a un Levante que no permitirá ver el partido por menos de 50 euros. Un par de días antes, el Celta ya ha jugado el encuentro correspondiente a la jornada de dentro de dos fines de semana. La explicación es tan sencilla como sorprendente: la final de la Copa del Rey coincidía con el festival de Eurovisión. Semejante casualidad provocó la reestructuración de todo el calendario ideado en verano para estas fechas. El porro es infumable pero aún podría haberse cargado más.
Al menos, no hay equipos españoles en la final de la Champions League el 25 de mayo en Wembley. Gracias a la superioridad alemana, la penúltima fecha del campeonato doméstico puede jugarse ese fin de semana. Así se evita disputarla el siguiente miércoles, como estaba previsto si alguno pasaba, tan sólo cuatro días antes de la definitiva marcada el 1 de junio en el calendario. Imaginen por un momento ese par de jornadas agónicas con sólo 72 horas para hacer cálculos, conjeturas y oraciones. Siete días es lo mínimo. El problema radicaba en que de forma inesperada la Copa Confederaciones arranca a mediados de ese mes y la selección se ha ganado pasar unos días en Brasil. La FIFA ordena que ese mismo lunes a más tardar Vicente del Bosque anuncie la lista de convocados y finalicen todas las competiciones locales. Los 23 a Las Rozas y, de allí, a Estados Unidos a preparar el tema, como diría Luis Aragonés. Después de todo aún ha habido suerte.
Así acabará una temporada que arrancó con un conato de huelga de los clubes de Primera División a raíz de la guerra por los derechos televisivos. La amenaza se diluyó y el Real Zaragoza empezó el curso recibiendo al Valladolid un lunes a las 23:00. De los derechos de los aficionados que pagan su abono a principio de temporada nada se sabe.
Pueden preguntar en Vigo cómo ha sentado jugarse el descenso un viernes y un miércoles a las 19:30. En el Villamarín y Vallecas jugar lunes sí y lunes también. O a Manolo Jiménez repetir varias semanas con tres encuentros en lunes, jueves y domingo. Quienes quieren adquirir una entrada para ver a su equipo acuden a las taquillas temblando, con la expresión de quien espera recibir un puñetazo inevitable, a no ser que desde el club se intuya la liquidación en forma de descenso y se convoquen rebajas. Mientras tanto, en la otra punta de la ciudad, el CAI Zaragoza anunciaba que los partidos de playoff quedan incluidos en el abono que se adquirió en verano. Una comparación odiosa.
De cara a la próxima temporada deben cambiar muchas cosas en la Liga de Fútbol Profesional. Pero la primera cruzada de Javier Tebas, recién elegido presidente, se ha centrado en los posibles amaños de partidos, con el Levante en el punto de mira tras el 0-4 ante el Deportivo de la Coruña. Los dirigentes granotas han puesto caro el encuentro, lo mismo harán unos futbolistas con ganas de lavar su imagen. Una victoria blanquilla supondría un paso enorme a la salvación. Un paso de gigante para permanecer en la Liga que arranca los viernes y acaba los lunes. La de los precios desorbitados, los horarios ilógicos y un calendario inexplicable. Y aún hay que dar gracias a la suerte.
Artículo publicado en AragonSport
Fotografía: Heraldo de Aragón

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