El Real Zaragoza golea
al Rayo Vallecano (3-0) y escapa de los puestos de descenso en una tarde
festiva en La Romareda. Dos
goles de Apoño y uno de Rodri devuelven la confianza al zaragocismo tras dos triunfos
consecutivos. La presión del equipo de Manolo Jiménez no dio opciones al Rayo
Vallecano en el partido más serio como local del conjunto blanquillo en toda la
temporada.
Manolo Jiménez apostó de inicio por el once habitual de los
últimos partidos con Rodri por detrás de Postiga en detrimento del deseado
Rochina. El entrenador zaragocista destacó el sábado la necesidad de robar en
posiciones avanzadas y en esa faceta el canterano sevillista es el más
destacado de la segunda línea. Rodri se
personificó en la sombra de Trashorras. Tras él el centro del campo del
Real Zaragoza conformó una tela de araña en la que el Rayo se enredaba a la
hora de construir su juego. Sin embargo, la falta de precisión en el pase
ensuciaba cada contragolpe desperdiciando así los espacios ofrecidos por la
defensa del conjunto madrileño.
En uno de esos ataques rápidos no fue necesario pase alguno.
Abraham acompañó la presión generalizada
y robó el esférico con una fe que le llevó hasta el área rival. Su centro
en búsqueda de Postiga se encontró con Figueras y Teixeira Vitienes vio mano
donde sólo hubo muslo. Apoño, impreciso en el pase pero infalible desde el
punto de penalti, engañó a Rubén adelantando al Real Zaragoza.
El gol no varió el rumbo del encuentro pero sí dotó de mayor
tranquilidad al conjunto aragonés. El
Rayo sólo encontraba huecos a la espalda de Sapunaru pero la defensa blanquilla
sufrió menos que nunca en los balones colgados. Álvaro y Loovens, el
holandés fue la única novedad respecto al partido ante el Mallorca y se mostró
más sólido que en anteriores encuentros, despejaron cualquier atisbo de ocasión
y Roberto se marchó a los vestuarios sin apenas intervenir.
Tras el descanso, el Real Zaragoza no cometió el error de
dar un paso atrás y mantuvo adelantada la línea de presión. Buscó la
tranquilidad del segundo gol y la encontró pronto. Abraham, uno de los mejores
sobre el campo y el jugador que más ha progresado esta temporada, recuperó el
esférico en su campo y la jugada acabó en un despeje de Rubén a la frontal del
área. Allí apareció Pintér,
perfectamente situado, para ganar el rebote y provocar una segunda oleada que
aprovechó Rodri para batir al portero. Un premio para un futbolista con una
capacidad de sacrificio más propia de un atleta que de un delantero.
Paco Jémez movió entonces sus fichas en busca de la
remontada pero su equipo no se pareció al de otras tardes. Arriesgó al cerrar
con tres defensas y sentó a un desaparecido Trashorras aunque las variaciones
no se tradujeron en ocasiones peligrosas. Por su parte, Jiménez dio aire a los
suyos al introducir a Rochina por un magullado Víctor y a Movilla por Rodri,
quien se llevó la ovación de la tarde por parte del respetable. La posesión
continuaba siendo del Rayo pero el dominio aragonés.
El partido moría sin apenas sustos hasta que un balón suelto
fue cabeceado por Piti en ausencia de Roberto. El gol ya se intuía en un campo
que se preparaba para sufrir pero Apoño salvó el tanto en la misma línea y
despejó los miedos que el gol habría despertado. El Real Zaragoza buscaba la
contra definitiva y Postiga, incansable pero sin acierto, estuvo cerca de
encontrarla en dos ocasiones. A la primera su disparo se marchó lamiendo el
poste y a la segunda se estrelló en el mismo obstáculo. El lazo al partido lo puso Apoño, autor de un doblete en un partido en
el que no brilló en la construcción, tras un robo de Romaric en la frontal del
área. Un zurdazo inapelable del malagueño puso el broche de oro al
encuentro.
Tres goles para tres puntos que significan un paso de
gigante en la lucha por la permanencia. El triunfo permite al Real Zaragoza
salir de los puestos de descenso y depender de nuevo de sí mismo. Medio billete
para la permanencia. Otra porción se esconde en el Ciudad de Valencia y allí no
podrán jugar por acumulación de amonestaciones Sapunaru y Movilla. La única
nota negativa de una tarde festiva en La Romareda. Manolo
Jiménez pidió el sábado a sus futbolistas "devolverle a la afición en
el campo todo lo que está haciendo por nosotros" y sus jugadores
cumplieron. Ante el Mallorca el equipo se reencontró con la victoria y, ante el
Rayo, con el camino a seguir. Intensidad, sacrificio y presión. Y de ahí a la
permanencia.
Crónica publicada en AragónSport
Foto: Marca.com

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