domingo, 5 de mayo de 2013

De la presión a la victoria

El Real Zaragoza golea al Rayo Vallecano (3-0) y escapa de los puestos de descenso en una tarde festiva en La Romareda. Dos goles de Apoño y uno de Rodri devuelven la confianza al zaragocismo tras dos triunfos consecutivos. La presión del equipo de Manolo Jiménez no dio opciones al Rayo Vallecano en el partido más serio como local del conjunto blanquillo en toda la temporada.


La Romareda acogía un partido más que decisivo en la lucha del Real Zaragoza por la permanencia y tanto la afición como los jugadores demostraron ser conscientes de ello. Unos por el apoyo incesante desde el calentamiento y los segundos por la intensidad con la que encararon el encuentro. En los primeros minutos ya había gozado de una ocasión en las botas de Víctor y de dos saques de esquina. Sólo servía ganar.

Manolo Jiménez apostó de inicio por el once habitual de los últimos partidos con Rodri por detrás de Postiga en detrimento del deseado Rochina. El entrenador zaragocista destacó el sábado la necesidad de robar en posiciones avanzadas y en esa faceta el canterano sevillista es el más destacado de la segunda línea. Rodri se personificó en la sombra de Trashorras. Tras él el centro del campo del Real Zaragoza conformó una tela de araña en la que el Rayo se enredaba a la hora de construir su juego. Sin embargo, la falta de precisión en el pase ensuciaba cada contragolpe desperdiciando así los espacios ofrecidos por la defensa del conjunto madrileño.

En uno de esos ataques rápidos no fue necesario pase alguno. Abraham acompañó la presión generalizada y robó el esférico con una fe que le llevó hasta el área rival. Su centro en búsqueda de Postiga se encontró con Figueras y Teixeira Vitienes vio mano donde sólo hubo muslo. Apoño, impreciso en el pase pero infalible desde el punto de penalti, engañó a Rubén adelantando al Real Zaragoza.

El gol no varió el rumbo del encuentro pero sí dotó de mayor tranquilidad al conjunto aragonés. El Rayo sólo encontraba huecos a la espalda de Sapunaru pero la defensa blanquilla sufrió menos que nunca en los balones colgados. Álvaro y Loovens, el holandés fue la única novedad respecto al partido ante el Mallorca y se mostró más sólido que en anteriores encuentros, despejaron cualquier atisbo de ocasión y Roberto se marchó a los vestuarios sin apenas intervenir.

Tras el descanso, el Real Zaragoza no cometió el error de dar un paso atrás y mantuvo adelantada la línea de presión. Buscó la tranquilidad del segundo gol y la encontró pronto. Abraham, uno de los mejores sobre el campo y el jugador que más ha progresado esta temporada, recuperó el esférico en su campo y la jugada acabó en un despeje de Rubén a la frontal del área. Allí apareció Pintér, perfectamente situado, para ganar el rebote y provocar una segunda oleada que aprovechó Rodri para batir al portero. Un premio para un futbolista con una capacidad de sacrificio más propia de un atleta que de un delantero.

Paco Jémez movió entonces sus fichas en busca de la remontada pero su equipo no se pareció al de otras tardes. Arriesgó al cerrar con tres defensas y sentó a un desaparecido Trashorras aunque las variaciones no se tradujeron en ocasiones peligrosas. Por su parte, Jiménez dio aire a los suyos al introducir a Rochina por un magullado Víctor y a Movilla por Rodri, quien se llevó la ovación de la tarde por parte del respetable. La posesión continuaba siendo del Rayo pero el dominio aragonés.

El partido moría sin apenas sustos hasta que un balón suelto fue cabeceado por Piti en ausencia de Roberto. El gol ya se intuía en un campo que se preparaba para sufrir pero Apoño salvó el tanto en la misma línea y despejó los miedos que el gol habría despertado. El Real Zaragoza buscaba la contra definitiva y Postiga, incansable pero sin acierto, estuvo cerca de encontrarla en dos ocasiones. A la primera su disparo se marchó lamiendo el poste y a la segunda se estrelló en el mismo obstáculo. El lazo al partido lo puso Apoño, autor de un doblete en un partido en el que no brilló en la construcción, tras un robo de Romaric en la frontal del área. Un zurdazo inapelable del malagueño puso el broche de oro al encuentro.

Tres goles para tres puntos que significan un paso de gigante en la lucha por la permanencia. El triunfo permite al Real Zaragoza salir de los puestos de descenso y depender de nuevo de sí mismo. Medio billete para la permanencia. Otra porción se esconde en el Ciudad de Valencia y allí no podrán jugar por acumulación de amonestaciones Sapunaru y Movilla. La única nota negativa de una tarde festiva en La Romareda. Manolo Jiménez pidió el sábado a sus futbolistas "devolverle a la afición en el campo todo lo que está haciendo por nosotros" y sus jugadores cumplieron. Ante el Mallorca el equipo se reencontró con la victoria y, ante el Rayo, con el camino a seguir. Intensidad, sacrificio y presión. Y de ahí a la permanencia. 


Crónica publicada en AragónSport
Foto: Marca.com

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