martes, 21 de mayo de 2013

La última asistencia de Ander Herrera



Un cabezazo de Xavi Aguado, un penalti transformado por Jamelli y una voltereta rocambolesca de Yordi otorgaron a la afición del Real Zaragoza la primera gran alegría del presente siglo. Una mala temporada liguera en la que el club luchó hasta el último día por no descender, pero que culminó de la mejor forma posible, levantando en Sevilla la quinta Copa del Rey. Sin embargo, no fue el único motivo de satisfacción para la parroquia blanquilla aquel caluroso fin de semana de junio.

Pocas horas más tarde, el zaragocismo vislumbró el futuro en las botas de un grupo de niños de 12 años ganadores del Torneo Alevín de Brunete. El capitán en aquella final ante el Real Oviedo, designado mejor jugador del campeonato gracias a dos pases mágicos que posibilitaron la remontada y el título, acababa de presentar sus credenciales. Aquellas dos asistencias de Ander Herrera sólo fueron las primeras gotas de calidad que pensaba regalar en un futuro al equipo de su corazón. Años más tarde, destaparía el frasco de las esencias, aunque en un contexto difícil y muy alejado del que él conoció en sus primeras visitas a La Romareda.

Ander llegó al primer equipo mientras Agapito Iglesias comenzaba a dar forma al monstruo irreconocible que ha acabado creando. Vivió la alegría de ascender a Primera División, inmensa y gratificante, pero aquel niño había soñado con levantar títulos y disfrutar jugando en La Romareda. Desde entonces, en lugar de divertirse sobre el campo, se encontró en la tesitura de salvar deportivamente a un club en proceso de liquidación. Así hasta su salida, provocada, entre cosas, por la falta de dinero para pagar a la plantilla. Había cumplido su sueño en un Real Zaragoza de pesadilla.

Tras la victoria más amarga de su carrera, Ander dio la que hasta ahora es su última asistencia como zaragocista. Un pase en forma de radiografía perfecta del estado actual del club de su vida: “Más allá de lo deportivo, el Real Zaragoza duele”, refiriéndose a la institución y a la imagen actual del equipo blanquillo. No buscó emocionar, pero Ander tocó la fibra de la afición y, precisamente ella, es la receptora de esta última asistencia. La presión social contra la gestión de Agapito Iglesias ha sido enorme, pero no ha logrado su objetivo. La resignación por no poder cambiar las cosas propició que el volumen descendiese. Ha de volver a aumentar y, para ello, ya comienzan a organizarse movilizaciones de cara al último partido liguero. Ander, como en Brunete, ha dado el último pase y la afición ha de empujar lo imposible para que el Real Zaragoza pueda marcar uno de los goles más trascendentales de su historia reciente: apartar de la gestión a Agapito Iglesias. Hasta entonces, no será el Real Zaragoza que Ander Herrera conoció cuando aún era un niño.



Artículo publicado en AragonSport 
Fotografía: Vavel.com

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